lunes, julio 13, 2009

La ventana de Vera

(Un regalito pa todos ustedes: una adaptación a obra dramática del cuento “La ventana abierta” de Saki)


PERSONAJES
Vera, una muchacha de quince años
La tía de Vera
El señor Nuttel
El marido de la tía, lleva un impermeable blanco
Los dos hermanos menores
Un perro cansado





--------ACTO PRIMERO
--------ESCENA PRIMERA
--------------(Están Vera y su tía en la cocina sentadas a la mesa)

LA TIA. Hoy viene el señor Nuttel. Quiere ver el cuarto para rentarlo. Es hermano de la señora Nuttel. ¿Sí te acuerdas de ella, no? Estuvo aquí hace unos años. Eras más pequeña.
VERA. ¿Más pequeña? Tía, entiende que yo no soy más pequeña porque no soy pequeña y si no soy pequeña por lo mismo no puedo serlo más. Deberías dejarme salir más seguido y más tiempo. Me sigues tratando como a una niña. ¡Ya no soy una niña!
TIA VERA. ¿Te acuerdas de la señora Nuttel, o no?
VERA. Ash. (Se levanta de la mesa. Le da una vuelta a la mesa. Se detiene. Mira a la tía. Abre los ojos lo más que puede. Le da otra vuelta a la mesa. Más rápido. Otra vuelta. Más rápido. La tía junta las manos y se endereza en su silla ignorándola. Otra vuelta. Más rápido. Se detiene y con toda la tranquilidad del mundo le dice) Sí, claro que me acuerdo de la señora Nuttel. ¿Quieres más té?
LA TIA. ¡No!
VERA. ¿Y por qué no? Es bueno para tus riñones. Tienes que cuidarlos, no se te vayan a atrofiar más de lo que ya están.
TIA VERA. La señora Nuttel era una persona agradable y educada. Pagaba puntual. No dañó las instalaciones. Una inquilina modelo. Además muy propia ella. Espero que puedas recibir al señor Nuttel con buenos modales. Debes ponerte tu ropa de salir. No te vas a mostrar con esas fachas en las que te gusta andar. Tus pants horribles.
VERA. Yo sí quiero más té, pero de éste. No es medicinal. Me fascina, es de fresa. Lo compré con mis ahorros el último domingo del mes pasado que fui a la plaza nueva con mis amigas Silvia y Georgina. Siempre me invitan a las fiestas de las que me voy temprano porque vivo en un cuartel que me obliga a regresar temprano. ¿Tú no salías cuando eras joven?
LA TIA. El hermano del señor Nuttel debe ser un personaje interesante. Ahora que me estoy acordando de la señora Nuttel, ella tenía un cutis precioso, fascinante. Era simpática. Le gustaba reírse a carcajadas de sus propios chistes que eran inteligentísimos. Su risa era tan agradable como una…(no terminó la frase porque Vera salió por la puerta de la cocina azotándola con todas las fuerzas. La tia se levantó tras ella.) ¡Óyeme, niña babosa!




--------ACTO SEGUNDO
--------ESCENA PRIMERA
-----(La tía hacía sentadillas sobre el tapete tipo persa de la sala. Vera hacía abdominales furiosa. Miraba a la tia con odio. Su respiración era pesada)

LA TIA. ¿Cuántas llevas? Yo llevo ochenta y cinco sentadillas. Ya no me mires así, se te van a caer los ojos y yo no los pienso corretear persiguiéndolos por todo el salón para que te los ponga en su lugar y me vuelvas a mirar así.
VERA. Llevo ciento veinte. El doctorsete tuyo se equivocó, había dicho que después de noventa abdominales me sentiría como si te amara y te adorara tanto que estaría sonriendo el resto del día. (Se levantó y caminó a la ventana abierta. Miró por ella. Respiró profundamente. Alzó los brazos y los bajó. Se alejó de la ventana. Caminó por encima del sillón alzando los brazos haciendo equilibrio. Pasó lentamente cerca de la tía y le dio un zape. La tia la miró incrédula, con la boca abierta.)
LA TIA. ¿Cómo te atreves? (Se llevó las manos a la cabeza. La cabeza la hizo para atrás y la regresó a su lugar casi casi como si estuviera haciendo un paso de baile. Se sentó en el sillón y colocó su cabeza sobre sus manos en los muslos para llorar amargamente).
VERA. Tia, no llores, yo te quiero mucho. (Quedó repentinamente en silencio. Miraba al techo con la boca abierta. Movía una mano simulando un delfín entrando y saliendo del agua. Hacía los sonidos del delfín también. Agarró un cenicero metálico y pequeño de una de las mesitas a lado del sillón. La superficie de la mesita era de vidrio. Vera raspó el cenicero un poco por el vidrio haciéndose ese sonido agudo y penetrante correspondiente. La tia levantó la cabeza haciéndosele la cabellera para atrás. Tenía la cara demacrada y con pintura azul escurriendo por sus mejillas. Vera tiró el cenicero a la pared. Justo en el golpe empezó a sonar “Poor people of Paris” de Edith Piaf. No le gustó la canción y tomó una figura de cerámica, una bailarina de preferencia, y la tiró. Justo en el golpe comenzó a sonar, interrumpiéndose la canción de Piaf, “Agárrate” de Gloria Trevi. Comenzaron a bailar frenéticamente las dos mujeres. Cae el telón.)




---------ACTO TERCERO
---------ESCENA PRIMERA
--------(Vera está en la recámara acariciándose la vagina encima de un calzón grande y aguado. La tia abre la puerta repentinamente. La mira sin preocupación alguna. Vera deja de acariciarse enseguida)

LA TIA. Ya ponte lista. Vístete. Que vea que eres una niña decente y educada.
VERA. ¿Quién?
LA TIA. ¿Cómo que quién? El señor Nuttel. Está próximo a llegar. Tengo que arreglar algunas llamadas antes de su llegada. Lo vas a recibir y debes tratarlo bien. El señor Nuttel parece que tiene mucho dinero. A lo mejor se queda un tiempo. Eso nos va a ayudar con los gastos. Su hermana y yo hicimos una amistad maravillosa. ¿Entiendes?
VERA. Sí, claro, no te preocupes, tía.




------ACTO CUARTO
------ESCENA PRIMERA
------(El señor Nuttel y Vera están en la sala donde la ventana abierta, sentados
cada uno en un sillón)
VERA. Mi tía bajará en un momento. ¿Conoce a muchas personas de aquí?
NUTTEL. A Nadie.
VERA. Entonces no sabe nada de mi tía.
NUTTEL. Sólo su nombre. Me lo dio mi hermana, que estuvo hace cuatro años.
VERA Su gran tragedia fue hace tres años.
NUTTEL. ¿Tragedia?
VERA. Sí, por eso dejamos esa ventana abierta. (Señaló la ventana simulando una gran pena. El señor Nuttel miró incrédulo.)
NUTTEL. ¿Qué tiene que ver la ventana con la tragedia?
VERA. Hoy se cumplen tres años desde que, por esa ventana, salieron a cazar su marido y sus dos hermanos menores. Jamás regresaron. Fueron tragados por el pantano y nunca se encontraron sus cuerpos. Mi pobre tía sigue creyendo que un día regresarán y entrarán, como siempre lo hacían, por esa ventana. Ellos y el perrito que los acompañaba. ¡Cuántas veces me habrá contado cómo salieron ese día! Su marido llevaba el impermeable blanco en el brazo. A veces, en tardes tranquilas como esta, tengo la horrible sensación de que podrían volver a entrar por la ventana. (Al terminar de decir aquello le dio un estremecimiento. En ese momento entra la tía al cuerto pidiendo disculpas).
LA TIA. Espero que Vera lo haya atendido bien.
NUTTEL. Sí, sí, me contó cosas muy interesantes.
LA TIA. ¿Le molesta la ventana abierta? Mi marido y mis hermanos salieron a cazar, y siempre entran por el ventanal. Van a dejar la alfombra a la miseria después de haber andado por la ciénega. La caza es algo maravilloso. Una vez salí con ellos y la adrenalina que se siente al disparar la escopeta es inexplicable. Mi marido es el que mejor puntería tiene. (La tía volteaba a la ventana cada momento esperando ver a su marido y a los hermanos. El señor Nuttel comenzaba a inquietarse. No sabía que hacer. En eso se levantó la tía emocionada).
LA TIA. ¡Por fin vuelven! ¡Justo a la hora del té! ¡Están llenos de barro hasta los ojos!

(El señor Nuttel miró a Vera intentando transmitirle su comprensión. Vera
miraba a la ventana con los ojos llenos de horror. Con un miedo que le brotaba desde adentro, el hombre miró en la misma dirección. Tres figuras avanzaban hacia la ventana. Vestidos de caza. Uno de ellos traía un abrigo blanco sobre los hombros. Un perro iba con ellos.
El señor Nuttel agarró de un manotazo su bastón y su sombrero y huyó sin decir una sola palabra)

EL MARIDO. Aquí llegamos. (dijo el hombre del impermeable blanco, entrando por la ventana). ¿Quién era ese que salió corriendo de aquí?
LA TIA. Un hombre rarísimo. No hacía otra cosa que mirarme, primero, como si estuviera loca, luego como que con miedo. Se fue corriendo, sin despedirse siquiera. Ni que hubiera visto un fantasma.
VERA. Supongo que fue por el perro. Me contó que les tenía terror. Una vez, cerca del Ganges, lo persiguió una jauría de perros salvajes hasta un cementerio. Tuvo que pasar la noche en una tumba recién cavada, con los perros gruñendo y babeando encima de él. ¡Como para no tenerles miedo! (Mientras les platicaba giraba sobre sí misma como si estuviera bailando en el campo. Sonreía).

3 comentarios:

Barbara dijo...

jaja, muy bueno C=

Ruy Guka dijo...

Chido, qué maravilla.

Anónimo dijo...

Me encantoó!