martes, mayo 06, 2008

Escenarios con putería. Fascículo 3 (parte V)

¡Hurra, hurra! Gritaban los no mexicanos. ¡A huevo, a huevo! Gritábamos los mexicanos, sólo nosotros tres, junto a gringos, japoneses y de otras cosas menos numerosas. El verdugo le acariciaba la panza y las piernas. La monja pasaba sus manos por el tronco desnudo del verdugo. El malo le desgarró la ropa a la inocente víctima, que, por cierto, estaba buenísima, para luego dejarse quitar las telas que tenía puestas debajo de la cintura y la tanga. Se dejó mamar la verga por los celestiales labios de la monja mientras ella se abría de piernas frente al público que gritaba de emoción y aplaudía, incluso algunos se levantaron para ver de cerca, pero de inmediato se sentaron tras recibir insultos y algunas colillas en sus cabezas.
Luego pasó lo mismo que pasa en las películas porno, nada extraordinario ni interesante, el verdugo se la mamó a ella, jugaron un rato, él la penetró y nada fuera de serie hasta que se bajaron del escenario. Uno de los japoneses parecía que conocía la obra porque se sentó con sus amigos en la orilla de dos bancas, junto a un pasillo que dividía las hileras de los asientos, y empezó a aplaudir frenéticamente con los ojos vidriosos, parecía un idiota que recibiría su pastel favorito. Los actores caminaron por el pasillo y miraron a la gente, saludaron a los japoneses como popstar a sus súbditos. Entonces sucedió que la mujer se sentó en las piernas del japonés exaltado, el verdugo se quitó la capucha, le levantó las piernas y se las abrió, los otros de ojos rasgados y algún gringo que se les entremetió acercaron sus cabezas para mirar muy de cerca los labios carnosos y jugosos de la actriz, que fueron penetrados lentamente por el verdugo, el pobre actor no podía moverse con mucha libertad por todas las cabezas que se le metían, se le veía incómodo, parecía tener una cara insatisfecha por la humanidad que ya no respeta ni valora el talento de un artista de su talla. Enojado, arremetió con fuerza contra la monjita y ésta no pudo sostenerse con fuerza y se fue para atrás, dos o tres manos aprovecharon para toquetear sus tetas bien formadas. ¡Hey! ¡Take it easy, gays! Se escuchó en las bocinas mientras se acercó un tipo de seguridad que daba miedo al verlo. La monja se recuperó entre los gritos, las caras desocompuestas y los aplausos de los parroquianos. Los actores se pasaron a otras piernas e hicieron la misma escena, pero sin interferencias.
Terminaron su actuación, volvieron al escenario, recibieron aplausos, aclamados por el público, y se inclinaron en agradecimiento.
Yo salí de ahí con la mirada impresionada atrás de mis cuates que iban riéndose de la obra. Salimos a la orilla del canal y todo estaba como si nada, el agua verde y tranquila debajo de nosotros, transeúntes paseándose por la calle de adoquines, turistas anglosajones borrachos, gritando y cantando, y la luz de los faroles de Amsterdam iluminaban las hojas de los árboles logrando un efecto en la ciudad de tranquilidad y romanticismo.

2 comentarios:

PERET dijo...

POR RECOMENDACION DE MI MECANICO Y DE MI PROCTOLOGO, HE VISITADO ESTA PAGINA (?), Y ACA LE DEJO UN COMENTARIO, QUE NADA VALE, Y NADA TIENE DE GRACIOSO COMO LOS QUE DEJO EN OTROS BLOGS, PERO POR DIOS!! ENTIENDAME!! YA SE ME ACABO EL ALCOHOOOOOOL

Anónimo dijo...

Ruy, soy Francisco, de la revista Revés. Me parace que perdí tu correo, así que escríbeme por favor a revistareves@hotmail.com para que te ponga al tanto de cómo va la edicion de locura. Saludos.