domingo, octubre 21, 2007

Dos momentos

Pablo tomó una taza de vidrio soplado, lo hizo con cuidado, no se le fuera a romper. Yo tuve, en alguna ocasión, el mismo cuidado de tomar algo con suavidad. Dentro, echó el café recién hecho, cuyo aroma invadía cada rincón de la casa en esa mañana gris. A mí me gustan las mañanas grises, sobretodo abrir las ventanas y permitir la entrada del aire frío. Se acercó a la puerta de vidrio que daba al jardín, miró por entre los árboles mientras sorbía un poco de café. Eran las ocho de la mañana, apenas, se le notaba la tranquilidad de tener tiempo. Abrió la puerta y salió a caminar sobre unas piedras que había puesto sobre el pasto y que llevaban a la puerta del cerco de madera, una delgada división entre el bosque y su casa. Sólo podía abrir la ventana por momentos, si la hubiera mantenido abierta, el hollín de la ciudad habría enegrecido las superficies de mi departamento y facilitar una infección gastrointestinal en mi estómago. Pablo se quedó parado en la portezuela del cerco, quedó pensativo y sonrió. Pablo, que bueno que te saliste de ese departamento, aquí tienes cosas más valiosas.

2 comentarios:

Lingüista con sangrado dijo...

Un rico post de comienzo de semana.

ºÉl (Ricardo Árbol) dijo...

Buenas mañanas (ya noches).