jueves, febrero 09, 2006

La visita

Hace unos días llegaron a mi casa Kostia, Pachuli y Peter. Mi hermano estaba ebrio. Pachuli y Peter estaban razonablemente tomados. Vinieron a invitarme para salir un rato. Los hice pasar para que me esperaran en lo que terminaba una pulsera que me había encargado una mujer de mi ex escuela. Sentados alrededor de la mesa de plástico estábamos platicando acerca de la posibilidad de hacer un pequeño negocio en el que Kostia prestaría una lana y Pachuli quería poner otro poquito para obtener ganancias constantes y mayores a lo de su aportación. El negocito consistía en hacer comida para llevar a las reuniones o fiestecitas de quien nos contratara. Todo iba bien. Traté de decirle al Pachuli lo menos rudo posible que no quería lo que él decía, que más bien quería que alguien me ayudara a cocinar y a llevar la comida. El dinero que quería poner Pachuli lo podía poner como préstamo y sacar un treinta por ciento de lo que pondría como ganancia y ya. Pero él no me entendía mientras que Kostia opinaba sin ton ni son con una actitud crecientemente agresiva hasta que dijo que ya hablara directo, que que hueva escuchar tantas mamadas.
La situación se ponía cada vez más tensa, Kostia ya se había olvidado de lo que estábamos hablando y sacaba cosas que no tenían nada que ver con el tema. Mencionó la reacción de mi padre después de que me había ido de su casa cuando sucedió mi renuncia como hijo. No entendí muy bien la actitud de mi hermano y su tanto despecho que dejó salir de su persona. Él solito iba enfureciendose, pensé que me iba a golpear, parecía que estaba a punto de agarrar algo y romperlo. Cuando mencionó lo de mi padre me preguntó algo y yo dije, bueno, ya que lo heces público.... Pero me interrumpió con un desplante reprochador. Noté que imitaba a mi padre, lo peor de él; decía incoherencias y se defendía de una manera totalmente fuera de lugar. Después de interrumpirme, cuando ya iba a contestar, dijo, sacando de onda a todos, que no era posible mi estupidez, que no podía mandar a la verga a todos, que no tenía por qué tolerar mis palabras; cuando él fue el que llegó a mi casa sin invitación alguna.
Estuvo increíble. No lo podía asimilar. Me pusé nervioso.
Una vez le dije que estaría bueno hablar de algo en lo que opináramos los dos, porque cuando llegaba a mi casa sólo él hablaba y quejándose de su vieja pendeja de Mérida, una tontaza, que no se perdía la telenovela Rebelde, y de su padre que era un mamón con él y detalles por el estilo. Y esta vez que llegó ebrio parecía defender a su padre.
Otra cosa que me soprendió fue que nunca lo había visto tan violento; cuando participé alguna vez en alguna peda con sus amigos de la colonia, de veintisiete años para arriba, que acostumbraban salir a dar roles en un auto, beber caguama, escuchar talía, o mierdas así, y hablar de estúpideces, yo me mantenía callado y observando casi sin participar, sólo llegué a decir algún "a huevo" o un "pus sí, no mames". Y cuando decía alguna esacaza y humilde opinión acerca de cualquier cosa, mi hermano parecía despertar de su letargo alcohólico balbuceando en voz alta que me creía mucho y que era un pendejo y que yo creía que las cosas que decía eran las más cabronas. Fue raro verlo tan lúcido y agresivo en esta visita.
No entiendo por qué defendió a mi padre después de las cosas que decía de él. Pensé que a lo mejor sí era normal, así como la putita que vive con su picador y le aguanta todo tipo de abusos sicológicos y otros, para luego defenderlo por una especie de síndrome de estocolmo. Pensé que a lo mejor era eso porque mi hermano es como una putita que vive con su picador. Eso me pareció la última vez que lo vi ahí en casa de mi padre.
Estuvo buena la visita. Le dije que era un borracho pendejo, aunque confieso que me reflejé un poco en él, digo, como borracho pendejo. De repente se levantó de su silla vociferando groserías y afirmando cosas que él creía de mí e incluso de Luz, que también le tocó. Le dijo, bueno, pus a ti que te queda, nada más llorar. Ah sí, ya me acordé, se quejaba que yo era un maldito egoísta que sólo pienso en mí y esas simplonerías. Me puse más nervioso, incluso empalidecí; sentí que en cualquier momento iba a ver sangre; por fortuna no pasó. Traté de entenderlo. Pero lo corrí. Así nomás.
Kostia, todavía con el humor que nunca manejó durante su visita, caminó hacia la puerta con aire triunfante y dijo lento, tranquilo y un poco ronco: comper mua. Listo. Salió.
Esa fue la visita de Kostia, mi hermano.

1 comentario:

Prelu dijo...

Que mal, que mal, pero mira el lado bueno de esto, ya el jarrito se lleno y se tiro el agua, al menos sabes que tu hermano, también esta tomando el mismo rumbo que tu papà y tal vez tengas que adoptar familia.

Igual yo quiero otro hermano, gustas?