sábado, octubre 09, 2010

Ah, qué cosas

Ayer a las seis de la tarde terminé de trabajar en Las Adelitas y sabía que me iría al cumpleaňos de una cuata. Estaba emocionado porque me dije, a huevo, cumpleaňos de una checa en un bar, eso significaba que habría más gente y entre esa gente habría alguna o algunas amigas, checas también, con las que podría intercambiar palabras y fluidos. Pensando de esa manera me serví muy contento un Corralejo reposado y destapé una corona para llegar bien entonado. Salí a la banqueta del restaurante donde había un par de mesas y me senté en medio del frío que ya se empezaba a sentir en Praga. Frente a mí se sentó el Pato, platicamos un poco acerca de unas píldoras que me recetó el doctor que me operó el oído y de un festival de tequila que él está organizando junto con los demás adelitos y otras personas. El Pato se fue y yo me quedé solo frente a mi tequila y mi cerveza. Cuando me terminé mi chupe todavía era temprano, así que pedí un mojito con Bacacho. Vacié el vaso y me fui de ahí rumbo al cumpleaňos. Tomé el metro y como siempre me topé con muchas mujeres bien bonitas, guapas y buenísimas. Llegué al bar después de dar dos vueltas a una pinche glorieta enorme y caminar como cinco cuadrotas. Entré al bar y caminé hacia todas las mesas y en ninguna vi a la cumpleaňera. Pregunté si no había una reservación a nombre de mi cuata y nada. Qué raro, pensé, y pensé otra bola de pendejas, hasta creí que me lo había inventado y me dije, no, no es posible, sería desalentador que me lo haya inventado, yo no quiero ser de esos que se inventan pendejadas. Le llamé por teléfono a mi cuata y no entraba la llamada. Chale, pensé. Quise abrir el feisbuk en el cel y ver si sí estaba la invitación y ver si sí era esa la fecha y la hora. Intenté abrir cuatro veces el feis y por alguna razón no podía. Se me estaba bajando la pedita que me había puesto. En eso recordé que les había dicho bien emocionado a todos en Las Adelitas que iría a un cumpleaňos y seguro vería viejas y platicaría con ellas y que la chingada, y luego me imaginé que cuando llegara al día siguiente a la chamba y preguntaran qué pedo, cómo estuvo, tuviste séxito, me imaginé mi cara de tarado diciéndoles que cuando llegué al bar no había nadie y que no pude comunicarme por teléfono con la cuata y que el feis no quería abrirse, en este pensamiento me puse tristísimo porque me imaginé la cara de los demás que me verían como si fuera un lunatiquillo patético que ya se inventa sus fiestas y sus amigos y su gran vida social. En eso se abrió el feis y vi que concordaban todos los datos, me tranquilicé un poco, pero luego pensé que a lo mejor alguien se había metido clandestinamente al perfil de mi cuata y había inventado esa madre como broma tonta o para de plano chingar, pero al pensar eso, pensé también que si hubiera sido eso lo que sucedió entonces habría más gente como yo con cara de plato pensando puras pendejadas. En eso se me ocurrió llamar de nuevo y sonaba ocupado, mi cara de plato tomaba su forma habitual. Marqué de nuevo y me contestó mi cuata y me dijo que decidieron ir a otro bar en tal lado y bla bla. Sí, no hay pedo, a huevo, ahí nos vemos. Colgamos y fui para allá. Llegué a una puerta con un letrero feo con el nombre feo del bar, el espejo se llamaba, pero en francés, qué nacos son los checos, neta. Bajé como cincuenta metros por unas escaleras de caracol y llegué a una sala llena de gente, pero sin mi cuata, crucé un pasillo y vi una mesa donde estaba sentado un grupo grande de güeyes y de güeyas donde había una que otra chava guapetona y apetecible, pero entre ellos no estaba mi cuata, chale, bueno, seguí, crucé un saloncito, otro pasillo y al fondo, en un lugar oscuro, vi a mi cuata que estaba con otra chava. La amiga de mi cuata creo que pesaba unos ciento setenta kilos y le faltaban dos dientes frontales de la hilera de abajo, lo juro. Además a mi cuata se le veía triste, como bajoneada, deprimida, como si así fuera todo el tiempo, y su cuerpo y su ropa y su conversación y unas fotos que me mostró, toda ella era así: bajoneada, dejada, olvidada, depresiva. Me sentí incómodo, luego me dije que no lo podía creer, luego me reí por dentro, creo, espero, y finalmente tomé la situación como algo cagado. Le pregunté a mi cuata que por qué estábamos ahí y me dijo que ahí festejaba otra conocida suya que había llenado el bar con sus conocidos y cuando la chava que llenó el bar con su gente se acercó a nuestra triste y abandonada mesa, apenas y se detuvo para saludar y platicar con nosotros, hasta nos miró con penita. Bueno, terrible. Lo único chingón fue que la amiga de mi cuata era bien a toda madre y decía uno que otro chiste o comentario que me hicieron sonreír y me dijo que estaba enferma con un gesto en la cara como indicándome por eso estoy tan gorda y por eso no tengo mis dos dientes, y luego me platicó que era botánica y que hacía un doctorado con un proyecto botánico ecológico que consistía en usar un pedazo de tierra a las afueras de Praga y eliminar la vegetación que ahí crecía para hacer crecer la vegetación que ahí estaba antes de la nueva y que esa vegetación vieja u original siempre había estado ahí desde hacía tres mil aňos hasta hace treinta o cincuenta aňos, tiempo en que la vegetación nueva y los contaminantes y no sé qué otras cosas influyeron en su desaparición. En ese instante volteé a ver al fondo del bar donde jugaban futbolito, platicaban o miraban con cara de huele pedo algunas chicas guapas y buenotas y me dije por qué esas no pueden platicarme algo tan chingón como esta otra mujer que está condenada a sufrir soledades amorosas y húmedas hasta su muerte. Praga me caga, neta.

1 comentario:

Fernando dijo...

buenisima ruy... pobres gordas...
pero opino lo mismo, que las buenotas tuvieran el caracter de las gordas, el mundo seria maravilloso, creo que no hubiera guerras ni ambre...