viernes, mayo 14, 2010

Sixth... in Israel... modafokersitos

Cruzamos el portal de la muralla gris sin problemas, no había cola para entrar a Belén. En cambio, para salir sí la había, una fila larga de camiones turísticos y autos con placas amarillas israelís o con placas blancas palestinas. Belén parecía más o menos como si alguien del Deefe hubiera entrado a la colonia Cerro del Judío, pero sin tanta gente y sin tantas casas amontonadas unas sobre las otras. Las chicas palestinas, uf, qué lindas, y qué cachondérrimas. Luego las dejé de ver tanto porque me dijeron que no debía hacerlo si es que no quería alguna agresión o hasta un altercado violento con algún musulmán o hasta con uno de los árabes católicos. Sí, ya sé cómo funciona, vengo de México, le contesté al que me había hecho la advertencia. Mi interlocutor no supo a qué me refería con lo que le contesté y no dijo nada de oh, México, qué divertido o alguna pendejada como esa que todos dicen cuando les digo que vengo de México.
El autobús nos llevó al hotel donde nos dieron nuestras llaves de cuarto. Nos esperaba una rica cena en el comedor, un bufet o una mesa sueca como lo llaman los checos. Comimos sopa de verduritas. Hubo ensalada de lechuga y humus con pan de pita. Como platillo fuerte nos prepararon un guisado de res que era como un entomatado rojo pero sin chile morita o cascabel que se podía acompaňar con pasta o arroz y con verduras cocidas. Nunca, en los cuatro días que estuvimos ahí, nos dieron cerdo porque los musulmanes, así como los judíos, no comen cerdo. Aunque los dueňos del hotel se supone que eran árabes católicos y los católicos pueden comer de tocho morocho.
Luego nos fuimos cada quién a dormir. Casi todos durmieron en pareja: muchos maridos y esposas, una madre y su hija, dos hombres solos, una mujer sola y dos hombres raros juntos, o sea, yo y Jindřich. Cuando los demás nos miraban yo estaba seguro que en sus pensamientos había muchas interrogaciones acerca de nosotros. Yo los saludaba normal, hola. Los checos se sacan de onda cuando les digo hola, aunque hubiéramos estado juntos en un tur donde nos veíamos la jeta a cada rato y sabíamos que nos veríamos las jetas durante varios días más; o entre vecinos; o no sé, a la mujer u hombre que trabaja en algún negocio a la vuelta de mi casa. Cuando he tenido oportunidad de saludar a un checo en una situación de este tipo, algunos se chivean, otros se enojan como diciéndose, uy, qué insolencia, otros te miran como si me hubiera puesto a saltar en frente de ellos con cara de lunático, y luego, en un caso contrario, me responden igual, con un hola, además de una sonrisota, como si se sintieran aliviados de que alguien les hablara y que parecen estar a punto de abrazarme.
Ya en el cuarto, Jindřich sacó su lap top, se conectó al internet y luego al Skype. Hablamos con su mamá y con mi abuelo y les platicamos cómo estuvo la llegada. Ahí, platicando con mi abuelo, supe que él le había dicho que se baňara, se lavara el pelo, la boca y quizá hasta le había dicho que se quitara los pelitos de la nariz. Qué cagado todo esto, pensé.
Ya empezaba a pensar en Jindřich como un buen compaňero de viaje cuando, en medio de la oscuridad, empezó a roncar con fuerza. Por suerte tenía mi oído izquierdo jodido, con una pobre audición de veinte por ciento, así que me acostaba de lado derecho, tapando con la almohada el oído bueno, y poder dormir plácidamente.

1 comentario:

Emmiux! dijo...

Mi querido Ruy Guka, tus relatos me dan el respiro a esta tan tediosa y pegaosa mañana. Recuerdo a un excritor de Tel Aviv que me gusto mucho, llamado Edgar Keret, en especial por que sus relatos son de gente que esta muerta, en una ciudad parecida al infrmundo. Mando besos.