viernes, noviembre 20, 2009

Al final de mis veinte. Parte VI

En febrero me enteré de una excelente noticia en la escuelita, o sea, en la UACM. Un comité de profes organizó que se pudiera hacer un examen único basado en tres etapas donde se mostrara que el alumno sabía hacer un ensayo académico que girara alrededor de un tema y que incluyera elementos de la historia como proceso, escritura creativa y una cultura científica y humanística: todo lo que se ve en el grandioso, magnífico y estupendo ciclo básico. Se me iluminó la cara cuando supe de ello. Parecía un sol sonriente con patas caminando por la calle. La escuelita dio varios temas a escoger, no me acuerdo de los pinches temitas que dieron a escoger, ni siquiera del que escogí yo, pero eran puros títulos aburridos que evocaban la injusticia, el abuso, la política de ultraderecha, etc. en América latina, pero visto desde una única mirada, o sea, una única interpretación, desde una izquierda socialista, desde una postura provinciana y aburrida, para no extenderme. Digo, los problemas existen, son graves, no hay un bien común y todo lo que este concepto encierra, educación, trabajo, salud, una buena calidad de vida, todo de lo que disfruta la gente en la zona euro y en muchos otros países. Mi tema escogido era algo sobre cultura y lenguaje, creo. Entonces abordé mi ensayo basándome en dos libros que, además, hice un juego de comparación entre estos dos ensayos que trabajé para hacer el mío: "Laberinto de la soledad" y "México profundo". Los dos son ensayos muy famosos, muy importantes, muy consultados en todo el planeta y que de alguna manera uno encuentra en ellos la misma inquietud y el mismo malestar de pertenecer en un país mediocre, lleno de injusticia, y a la vez rico en muchos otros aspectos, como el lenguaje, por ejemplo. Pues trabajé en ello. Hice la primera etapa, que consistió en hacer un borrador a mano en cuatro horas, con ayuda sólo de papeles o papeletas con citas textuales de los libros consultados en casa anteriormente. Luego, la segunda etapa, discutir oralmente la tesis, el desarrollo y la conclusión, o sea, el borrador hecho en la primera etapa. Y luego, ya entregar un ensayo impreso, con las citas, la bibliografía, corregido bien todo, o sea, ya el ensayo. Pues que lo trueno. Lo troné. La respuesta de la tronada me la dieron en mayo, creo, o en junio. Así que fue un boquete más en la posible imagen de la esperanza e ilusión que pudiera haber tenido todavía en mí. Al final de toda esta pequeňa historia personal, que ni tan personal, más bien, y simplemente, biográfica, subiré el ensayo ese que hice para que lo lean. Está divertido, hice cuates a Octavio Paz y a Bonfil Batalla, hasta parece que se dan un abrazo y no sólo eso, también un beso a la perestroika.

1 comentario:

Marco dijo...

¿Ya subiste el ensayo?
¿Tienes el link?