martes, febrero 10, 2009

Tres asuntos en uno

¿Saben lo que es ciento diez pesos de fruta? Son dos kilos de manzana, dos melones de sabrina, una papaya de niurka, un par de toronjas de Charlize Theron y otro par de toronjas, pero de Christine Ricci, medio kilo de fresas del mal, dos kilos de mandarinas y un kilo de plátano para subir el potasio.
Esto lo conseguí en el tianguis de la Escandón. En el súper o en el mercado que sea los precios pueden subir un poco o un mucho.
Pero, a todo esto, lo importante es que después del tianguis, donde me chuté una plática entre una señora estúpida y un verdulero, la cuál también iba dirigida a mí indirectamente porque me volteaban a ver mientras yo me hacía pendejo mensajeando en mi celular. La señora, una mujer horrible con ganas, mencionó que su abuelo o su padre era español. Información que nadie le pidió y que no venía al caso, además de mencionar que lo prieto es feo. Dos detalles, dos formas de ser, dos actitudes que crean consecuencias negativas en el autoestima del mexicano. Casi le doy un zape a la vieja urraca sin personalidad, además que no se le dormía la lengua y equiparaba la atencion del verdulero que no me atendía.
Pero, ya, ahora, sí, después del tianguis, regresaba a mi casa tranquilamente por la banqueta cuando me dio un escalofrío ñañaroso en el pecho. Comencé a sentir dificultades para respirar. Las paredes de mi nariz se raspaban con partículas polvosas y afiladas. La atmósfera me olía mal, a gases tóxicos, a suciedad, a excremento, a metal y a vidrio. Yo jalaba mi bolsa de tela con ruedas o mi carrito de tianguis que acrecentó tres veces su peso. La causa de este remolino de sensaciones venía de frente hacía mí. Conforme se acercaba yo no lo podía creer, me imaginé a toda la ciudad con la misma ayuda dentro de no poco tiempo. Por fortuna se acabó cuando nos cruzamos, yo me fui de largo sin voltear para atrás y el señor que venía con un tanque de oxígeno, igual que si fuera su perrito, pero en vez de correa, era una manguera delgada y transparente que no terminaba en la mano, llegaba a la barbilla y se dividía en dos para luego perderse en los hoyos de la nariz, también se siguió de largo.

6 comentarios:

Amiguiz dijo...

Una señora horrible con ganas ha de ser más peligrosa que una señora horrible con canas.

Reflexionémoslo.

El Chico Invisible dijo...

los ñañaras son cosquilas en la región anal, por lo tanto no puedes tenerlas en el pecho.



a menos que...

Emmiux! dijo...

Cotidianidades mi querido Ruy. Vamos al aniversario de Almadia el viernes. ¿Quieres? En el Covadonga puebla 121 Roma 9000 horas

w°ngrilov dijo...

Conoces la historia de los dos ladrones?

Pequeña capitalista dijo...

mm te hubieras cambiado de puesto

Anónimo dijo...

y luego...? siguele pues¡