domingo, marzo 16, 2008

Escenarios con putería. Fascículo 2 (parte I)

El Chac Mol quedó en el pasado. Muy en el pasado. Recuerdo otra ocasión en que asistí a otro centro nocturno. Esta vez sucedió en el D.F. Mi padre tenía un contador que era hijo de un alumno suyo. El alumno de mi padre tenía unos setenta u ochenta años, era jubilado de la honorable armada de México y lo recuerdo bien porque le gustaba invitarnos a comer barbacoa al estado de Hidalgo, creo, no recuerdo tan bien, pero el caso es que era muy lejos. Íbamos en su bocho.
El señor tenía muchas arrugas, muy hundidas, y una sonrisa honesta. Estaba frente al volante con sus lentes oscuros grandes y una gorra militar con sus insignias importantes, tan importantes que alguna de esas veces, que íbamos en su bocho, nos detuvo la policía y no le hacían nada. Hubo un policía que no cedió ante la gorra y el señor le enseñó sus credenciales. Nos dejaron ir. La policía lo paraba seguido porque manejaba como si conduciera el solo por las calles. Inluso tenía una escuadra en la guantera.
Bueno, pues este señor respetaba y estimaba mucho a mi padre; estos sentimientos se los heredó a su familia: su hijo, que era de la edad de mi padre, la esposa del hijo, sus dos nietas y un nieto. Era tanto el sentimiento de estima hacia mi padre que, esto me lo chismearon, hubo una insinuación de ellos para que mi padre desposara a la nieta, que tenía unos veintitantos, casi treinta, y mi padre fingió demencia ante esta sugerencia.
Yo vivía en Mérida y visitaba a mi padre en fechas decembrinas básicamente. El alumno, Agustín, ahora recuerdo su nombre, junto con su familia nos invitaban a mi padre, a mi hermano y a mí a desayunar a un hotel de la Zona Rosa. Era de ley.
Agustín falleció y la amistad de su familia siguió. El hijo, Armando, se había ofrecido, en alguno de esos desayunos, a llevar la poca contabilidad de mi padre. Así que, además de la amistad, siguió también una relación contable. Armando no le cobraba. A cambio de eso, cuando mi padre iba a verlo a su oficina, cerca del monumento a la revolución, Armando le platicaba su vida, de los problemas que tenía con la esposa y con las hijas.
En una de estas visitas, estando yo de vacaciones en el D.F., mi padre me platicó que Armando le había preguntado si conocía los centros nocturnos y mi padre le había dicho que no, que no había tenido la oportunidad de asistir a alguno. Entonces Armando lo invitó y mi padre le dijo que no le interesaba. Pero yo le dije que, chale, cómo se había negado, que hubiera aceptado y que yo sí quería ir. Mi padre me respondió que ah, pus, bueno, por qué no, que sería como objeto de estudio, nada más. Ajá, sí, le dije. Y sin decir más, tomó el teléfono, le marcó a Armando y quedaron de verse el fin de semana siguiente. Como le había dicho que iría yo, Armando tuvo la idea de invitar también a su hijo, que trabajaba en la PGR y era unos diez años más grande que yo. Nos quedamos de ver en la casa de Armando y de ahí nos fuimos a un centro nocturno de la Zona Rosa. Le gustaba esa zona.

3 comentarios:

Prado dijo...

ya ves que la putería es un vínculo comunicativo del género. es interestatal, internacional, intercontinental. universal. Vaya, no me sorprendería, en ocasión de la muerte de Arthur C. Clarke que aparezca el mismísimo ET diciendo que el también fue a un putero. MI CASA. o algo así.
Es un ejercicio de escritura con resultados bastante estéticos, respetable amigo Ruy.

desde más al sur,

p.

Emmiux! dijo...

¿Ya miraste el hombre elefante?

MACARIO dijo...

hahahahah, soy fans de su papá señor Guka.