martes, noviembre 20, 2007

Cuchitril (parte tres). Capítulo 1 de dos.

Salí de la estación de metro Tacubaya con dos empanadas y un boing de mango. Crucé la calle para llegar a mi casa: un cuarto con cocineta, construido con tablaroca. La cocina daba a la calle, protegida, apenas, por unas ventanas y una pared de metal. Abrí la puerta mientras miraba el vidrio de la puerta, que había recibido, días antes, un piedrazo. No se rompió todo, cayeron unos pedazos triangulares formando una estrella en el vidrio. Nunca supe la finalidad del acto. No robaron. A lo mejor sí querían robar y pasó una patrulla que alejó a los probables detractores. Sabrá Dios.
Era domingo y al día siguiente me largaba de ahí. Crucé el marco de la puerta y caminé por el pasilló que daba a una puerta y unas escaleras de cemento. Tras l apuerta había una bodega que usaban unos ambulantes que se ponían a fuera del metro. Subí las escaleras que llevaban a otras dos puertas. Una era la del doc, que tenía ahí un consultorio de obstetricia. Por la otra entré a un espacio donde se improvisó una escalera metálica de caracol muy angosta. Cerré la puerta y a la mitad de la subida había una ventanita minúscula, respiradero del baño del consultorio. Iba viendo los escalones peligrosos de metal, escuché que alguien me habló, miré por encima de mí y encontré la cara del doc, enmarcada en ese cuadro pequeño; estaba pálido. Le entendí que dijo: ¿Quieres una línea, vecino? ¿De coca? Le pregunté. Sí, caéle. Sí, por qué no. Voy, sólo dejo mis cosas. No tardo. Le dije. Órale, carnal. Me contestó. Terminé de subir encontrándome con un patiecito, o recibidor como lo llamaba la casera, alfombrado por pasto sintético. Tenía en frente tres puertas. Una era de un señor albañil, plomero, electricista que le hacía el mantenimiento del edificio. La otra puerta era de un cuarto desocupado y la tercera de mi casa. Dejé las cosas y bajé de nuevo. Le toqué a la puerta al doc y escuché algunos murmullos. Parecía que el doc tenía invitados. Identifiqué frases, dichas en voz baja, como: "Es la policía. ¡No abras!" "No, pendejo, es mi vecino." "Cabrón, no mames, ya nos chingaron." "Que no, güey, déjate de pendejadas. Voy a abrir." El doc me abrió. Vestía una bata blanca y debajo una camisa con corbata. Nos saludamos. Me guió al baño, donde se drogaban. Sentado sobre la tapa del excusado estaba su amigo. Se llamaba Pancho. Sólo eran dos. El doc, doc. Me dijo su nombre, pero ya se me olvidó. Esto sucedió hace cuatro años.
El doc sacó del lavabo una lata doblada, con unos agujeros en la parte doblada. No eran líneas de coca, le entendí mal, era piedra. Sobre los agujeros puso ceniza de cigarro y luego unas piedritas amarillentas. Se colocó un extremo de la lata en la boca, con un encendedor quemó las piedritas y fumó. Me invitó y fumé. Pancho también fumó. Se sentía como la cocaína fumada en un cigarro, pero intenso y duraba poco el efecto. Se tiene que fumar cada cinco o diez minutos para seguir sintiendo la piedra. Nos terminamos la lata. El doc sacó un papelito donde había más. Se terminó. Sacó un papelito nuevo. Se terminó. Descansamos tomando unas chelas que había en el refrigerador de las medicinas. Modelo Especial. Platicamos y no sé por qué me habló del EZLN y de política. También me habló de trova y del Ché Guevara. Creo que me confundió con un estudiante primersemestrino de la UNAM.
El doc me preguntó. ¿Vamos por más? Yo no, no tengo dinero. Le dije. No hay pedo, yo pago. Insistió. Bueno. Accedí. Salimos del edificio y nos dirigimos a una base de micros.

Continuará.

6 comentarios:

Lingüista con sangrado dijo...

¡Grandioso! (bitches, no repitan)
Me da mucho gusto encontrarme con blogs que tienen largas anédotas por entregas, aunque aveces se olvidadan de escribir las siguientes partes.
Impaciente, espero más del cuchitril.

Julio Roberto Prado dijo...

es eso un laberinto. o bien, los laberintos son como dice borges, las ciudades?la única salida son los psicotrópicos? o también la música tropical? quiero saber más del doctor, parece saber bastante de medicina.

MACARIO dijo...

Tsss la piedra es sin duda la peor droga que he probado en mi vida.

Eduardo el Terrible dijo...

peor aun ¿no eran ellos estudiantes primersemestrinos atrapados ahí en sus 30?

13lack dijo...

Gracias a tu comentario puedo regresar a tu blog ^^
La cancion que me preguntaste es de Rasputina se llama "You dont own me"
Esperando la continuacion

Saludos ^^

sirako dijo...

ojalá termine con sexo con zombis sexis espaciales o con robots.