martes, octubre 02, 2007

¿Ruy Guka? Ah, sí, el pendejo que creyó que le robábamos el tanque -le dijo Macedonio a sus compañeros de trabajo.

Entrambos lados del espejo, el que origina todo, siempre soy yo. Cabilé duro por el asunto del tanque de gas. Macedonio, un hombre joven que trabaja repartiendo los tanques de butano, lo conocí hace ya como unos nueve meses. Es de Poza Rica, Veracruz. Cuando platiqué con él la primera vez era casi un recién llegado. Todavía tenía una mirada que evocaba ilusión y sonreía mucho. Ahora que lo vi el sábado, que me trajo mi tanque de gas, tenía una mirada dura y no sonreía tanto, es más, no recuerdo que haya sonreído, incluso se le notaba ese hartazgo provocado por el problemático df.
Menciono a Macedonio porque me regañó el sábado. Mientras colocaba el tanque le dije, "mira, el tanque me duró cinco meses. Antes, que estaba en la azotea me duraba entre un mes y tres meses." Yo seguía sospechando y quería ver su reacción. Él me contestó, "pus sí, que no te acuerdas que cuando te bajé el tanque tenías dos fugas en la instalación." Chale, chale y recontrachale, pensé. Sí, era cierto, tenía dos fugas, ¡dos! Me sentí muy mal.
En ese bochornoso momento, en que me vi como a un imbécil, recordé cuando mi padre le platicó a unos vecinos imbéciles sobre una historia china con moraleja, que trataba sobre un leñador que perdió su hacha y sospechó de su vecino. Cada vez que el leñador veía pasar a su vecino por su casa se convencía de que era un ladrón. Ya estaba pensando en cómo vengarse y recuperar su hacha cuando la encontró en un rincón de su bodega. Mi padre le contó la historia a esos vecinos, un matrimonio, cuando le fueron a tocar a la puerta de su departamento para acusar a mi hermano de drogadicto, que tenía amigos peligrosos que lo venían a ver y tenían miedo que mi hermano o sus amigos violaran a su hija, una chavita como de dieciseis años, gorda, introvertida, depresiva y fea hasta su madre, a la que jamás le hubieran intentado hacer algo, mi hermano y sus amigos de entonces, pero ni por error. Además mi hermano ni se drogaba, el que lo hacía era yo, jaja.
En fin, me sentí muy mal por sospechar a lo pendejo.

2 comentarios:

MACARIO dijo...

me agrada saber que no soy en único paranoico.

Lingüista con sangrado dijo...

Bueno, la vecinda, la ciudad y gran parte de la gente, nos hace susceptibles a desconfiar.