sábado, marzo 26, 2011

Sentires y una fiestecita

Ya empecé a escribir una nueva novela que terminaré quién sabe cuándo porque voy con una lentitud desesperante, pero ya tengo el principio, tres cuartillas, tengo los personajes y tengo una estructura general de todas las partes. Ahora sólo me falta ponerme a escribir como si jalara un hilo de media o de plano como si desgarrara la media para comerme lo que enreda.

El otro día platiqué sobre mí y, al hacerlo, conforme acomodaba algunos hechos que hice desde que llegué a Praga, me quedó clarísimo que todo o mucho de lo que hago es por y para la y mi literatura. Cuando llegué a esta ciudad donde se habla checo busqué trabajo en alguna empresa o en algo checo donde se hablaría en checo y trataría en su mayoría con checos. Además platicaba con mi abuelo y otras personas en checo, sólo con mi madre hablaba en español. Al pasar algunos meses comunicándome y relacionándome de esta manera, me di cuenta que mi lenguaje, el que uso para soñar, pensar, amar y escribir, se deterioraba porque no lo practicaba lo suficiente y además cuando lo hacía, por ejemplo, con mi madre, escuchaba un lenguaje limitado porque ella tiene problemas con el subjuntivo. Todo esto comenzó a preocuparme. Al principio pensé que con lecturas de libros y periódicos en el internet, radio y televisión mexicana en internet compensaría la falta, pero no, una vez me descubrí hablando en mexicano erronea o forzadamente y ahí fue cuando decidí trabajar definitivamente en Las Adelitas, donde todos eramos de México y todos usábamos el mismo lenguaje y expresiones que me fueron tan útiles, además del humor, el desmadre, la lógica y los defectos de nuestro lugar de origen. Y por lo mismo sigo trabajando ahí.

Anoche fui a una fiesta en un museo de moda, como si hubiera ido en el Deefe a una fiesta chida y ambiciosona de moda y arte con banda disque chidina y en onda donde a muchos se les puede cachar abriendo demasiado los ojos nerviosamente. Pero el caso es que en la fiesta de anoche había un chingo de viejas guapísimas y con más onda de las chicas normales que estoy acostumbrado a ver en el metro, la calle o en los antrillos y bares cajetos a los que he tenido oportunidad de ir. Quizá eran las mismas chicas, pero que sólo se vistieron para la ocasión.
Había varios salones con una temática distinta en cada uno, había un escenario que al principio tenía un grupo de jazz chidín y luego subió  otro grupo que hacía sonidos como de rock raros y feos. Hubo comida preparada, guisados y sandgüiches, y también carne asada al carbón. Había una terraza donde pusieron un proyector con videos feos, incluso tuve que pararme varias veces frente al proyector para tapar las imágenes. Pero el caso caso caso es que había muchas chicas guapas vestidas con un poco más de onda que normalmente y sobre todo, algunas, con una actitud un poco más interesantemente atractivas para mí, claro. Quizá otra persona diría, no sé, que había puro pinche pulpo y mocos de almeja cruda con cara de huele pedo.


0 comentarios: