lunes, diciembre 22, 2008

Adivinanza como regalo de navidad pa todos

¿Qué es verde y huele a cohinita?












El dedo de la rana René.

domingo, noviembre 23, 2008

Otra nueva

Mucha suerte con el corto, a ver qui onda. Pero, con la mira hacia delante, otra novedad: hace dos meses o un mes se presentó una revista nueva, Intravenosa, formada por mis cuates, los mais, Enrique Alducin, José Santiango y Omar Delgado, escritores también, en la UACM. Menciono esto por una buena razón, la cuál es que hay un cuento mío en el número 1 de la revista Intravenosa.

martes, octubre 28, 2008

Cortometraje

Quiero promocionar un cortometraje, que se hará realidad en poco tiempo, con el argumento de uno de mis cuentos. Tanto el cuento como el corto se llaman igual, Arroz, y espero puedan entrar a la página oficial del corto que será dirigido por Ricardo Madrazo, producido por Arturo Martinelli y actuado por Esteban Soberanes. Arroz

sábado, septiembre 06, 2008

Honorablemente III

--------------------------------------Comiomani-----------------------------------

Un poti gotitasdelosojeaba brazosalrededorado a un tepos. Una jermu, a su lado, sonidosfuertesdesugarganteaba como una completa cola. Ambos, desnudos a la perieintem, y eso que muchisimofriaba.
--(sangría)--Obviamente, se funciondelojeaba que sus broscere, si alguien abrelateara sus ezascab, mantienenellugareaban erezalve.
--(sangría)--Aún así, me unospasoshaciellés, sin domie y los manosuaveensucabecé para que se calmaensusalamarán, pero losel se furiaensuscarasón. Me nalgasenelpisé y melodiademiboqué, el brehom altototaló de gotitasdelosojear y leal altototaló de sonidosfuertesdesugargantear.
--(sangría)--Los estr melodiadelabocamos hasta que nos delamanoalacamaron a párpadosabajir.

sábado, agosto 30, 2008

Honorablemente II

------------------------------Enredo insignificante---------------------------------

¿Qué pasó, cómo estás? Bien, y tú. Pues bien, pero creo que estaríamos mejor si pudiéramos conseguir que alguien nos zafe, o hacerlo de alguna otra manera, de estas sogas en las que estamos enredados. Sí, yo creo lo mismo porque fíjate que las veces pasadas que tuve que zafarme por la misma razón, si no lo hubiera hecho rápido, pues creo que me habría muerto de asfixia, de sed y de hambre y de todo. Sí, te creo. Mira, voy a morder la soga de esta parte y luego nos vamos turnando para, oye, pero cómo te zafaste las veces anteriores. Pues sí, eso te iba a decir, pero tenías un brillo en los ojos por la idea que se te ocurrió que me dio mucha compasión interrumpirte, además ya sabía que tú sólo te interrumpirías para preguntarme cómo me zafé las veces anteriores. Sí, bueno. ¿Cómo le hacemos? Pues, fíjate que si te mueves como viborita te vas resbalando hasta llegar abajo. Así como lo estoy haciendo ahora. ¿Viste? Sí. ¡Órale! Lo logré. Claro. ¡Qué lista! Bueno, oye, gracias por todo. Sin ti me hubiera quedado ahí hasta morirme como lo que habías dicho. Sí, hombre, de nada. A mí me gustó mucho ayudarte. Espero que puedas pasar algún día por mi casa para platicar y hasta quizá ver una película. No, gracias, no es para tanto. Simplemente quería agradecerte, gracias. Que estés bien. Adiós.

viernes, agosto 22, 2008

Honorablemente

A la literatura francesa de los años diez, veinte, treinta y cuarenta del siglo XX, así como a Huidobro, a Cortázar y a Vicens.


-----------------(titulitis)---------Luna de sangre-----------(titulitis)--------------

A las tres de la mañana del día seis del mes siete de este “very beautiful year”, así le gustaba decir a la víctima, la luna se metía entre las nubes y una navaja rebanaba la piel tersa de Magdalena.
-(sangría)-La luna iluminaba, a las tres y siete de la mañana, una mujer empapada de sangre.
-(sangría)-A las tres y diez de la mañana, me acerqué a la asesina, le arrebaté la navaja y la traje aquí para denunciarla. Sí, la víctima era mi amiga, la quería para casarme. Llegué tarde a la escena del crimen, me sentí muy mal y tendré una mirada afligida para siempre.

viernes, agosto 15, 2008

Limpieza

A ver, conpermiso, sí, gracias por dejarme pasar, no soy aracnofóbica, pero las telarañas no me gustan cuando me rozan la piel de la cara. Sí, mejor váyanse, no pueden ocupar este espacio que parece vacío e inutilizado, vayan a construir otras casitas a otros rincones bonitos, que aquí se le pondrá aceite a todos los tornillos que hagan falta, aunque digan que no los hay, jiji, aajy, dios mío, que buenas bromas me alcanzo. Muevan sus ocho patas peludas, y ustedes también, las de patas lampiñas, venga, eso, un, dos, un, dos. Qué hermosas criaturas, lástima que se tengan que marchar, preciosas. Muy bien. Ni me miren con esos ojos caídos de perro chillón, este espacio no es para construir telarañas, aunque simulara, quizá, a veces, ello, por lo que me han dicho, porque yo, de primera mano, no lo sé, siempre tengo muchísimo trabajo y no tengo mucho tiempo de leer. Debo ayudarle a mi hija que tuvo una bebita hace poco y su marido, bueno, todavía no se casan, pero viven muy juntitos en el otro cuarto de mi lindo departamentito, su casa; su hombre, ni tan hombre, no consigue trabajo o por lo menos eso dice el holgazán. Aajy, no quiero importunarlos con estas cosas de mi vida.
Uy, lindas y maravillosas, gracias por irse arañitas. Bueno, ya está. Ahora a sacudir el polvo, echar líquido limpiavidrios en un trapo y hacer que rechine la pantalla -si se siguiera viendo sucio, es tu pantalla, no esta bitácora, ¿eh?-. Lo más laborioso de todo esto es que debo limpiar cada letrita verde de abajo, qué lata, no es que me queja, es sólo que me duelen un poco las rodillas. Aajy, pobre de mí...
Ya quedó, tan limpio como en su casa. Faltarían unas flores en un jarrón, pero eso ya no es de mi incumbencia. El señor Guka quedará encantado y el señor Goko, según entiendo estará por aquí, también.

Doña Gertrudis

martes, junio 10, 2008

Escenarios con putería. Fascículo 3 (parte IX)

Un plumón grueso. Su cuerpo contoneaba desnudez. Así como la anterior, ésta puso sus piernas a lado de mi cuerpo y dobló las rodillas, quedó con la vagina abierta frente a mí. Alcé la cabeza para mirar y ella, con pena fingida, me pidió que no mirara. Obviamente, no le hice caso y le sonreí. Ella contestó el gesto dejándome ver dientes blancos mientras los ojos le brillaban con coquetería. Me gustó la linda cara que veía, pero bajé la mirada, mis pupilas la penetraban. Ella acercó el plumón a su vagina y se lo introdujo, los labios abrieron jugosos. Recuerdo ahorita, no creo que lo haya recordado aquella vez, un compendio de Arreola sobre los tipos de vaginas, una de las descripciones coincide con mi imagen de la que tragó el plumón: una flor, por los labios con forma de pétalos lisos y brillantes.
¡Riiing! Ah, perdón, alguien me llama. ¿Bueno? Mm, qué pasó. No. Sí. Ajá. Bueno, está bien. Adiú. Colgué. ¿Adivinen quién era? Sí, Ray Goko. Me dijo que si recordaba la invitación que le había hecho. No, le contesté. Dijo que no importaba y que le gustaría escribir algo en mi blog otra vez, sin meterse clandestinamente. Sí, le dije. Pus ya qué. Ay que saber perdonar, ¿no? Su post vendrá luego.
Ella acomodó mi cabeza para abajo, no quería que viera. Accedí. Escribió algo en mi abdomen, antes lo tenía, ahora lo tapa una panza. Se sacó el plumón y se incorporó. Me ayudó a levantarme y paseó mi cuerpo por el escenario con putería para que la gente viera lo que me había escrito. El público aplaudió y, antes de bajar, me vi en el espejo de la pared una leyenda bien mona que había hecho en mi cuerpo.
¡That's all folks!

lunes, junio 02, 2008

Escenarios con puteria. Fasciculo 3 (parte VIII)

Subí al escenario con mayor soltura, tenía experiencia, conocía el escalón, las luces en el techo que me iluminaban y el espejo de la pared. Incluso saludé al público, les sonreí. Ya que te paguen, ¿no? Dijo uno de mis cuates. La mujer me indicó que me quitara la playera. ¿Estaría más rudo el nuevo performance? Me pregunté. Quizá tendría que coger en el escenario con ella, espero que no tenga que hacerlo. No podía creer lo que me pasaba, creía ser privilegiado por alguna voluntad mágica, a la vez fluía por mi estómago un líquido espeso y caliente, la vergüenza bioquimizada. ¡Toc toc! A ver, espérenme, tocan a mi puerta. Qué lata, justo cuando estoy escribiendo esto. No son horas para visitas. Es medianoche. ¿Será una emergencia? Voy a abrir.
-¿Ruy Guka? Jajajaja. Conque vives en esta pocilga. Mira, por lo menos habla bien de ti, siendo lo que eres, ¿no?, un escritor.
-¿Qué te pasa? ¿Estás loco? ¿Cómo te atreves a venir a mi casa? No me importa que dejes comentarios de idiota imbécil en mi blog, pero venir a mi casa y burlarte en mi cara, es demasiado.
-Tranquilo, no te pongas susceptible, sólo vine a decirte que ya no quiero dejar comentarios en tu estúpido blog.
-¡No dejes! Es tu problema si dejas o no comentarios.
-Escuch...
Le cerré la puerta. Pinche Goko, está completamente zafado. ¿Cómo se atreve a venir a mi casa? Qué miedo. ¿Se imaginan lo que podría llegar a hacer? No entiendo cómo supo mi dirección, nunca he dejado datos concretos de mi ubicación. Ni modo.
Sigamos conmigo en Amsterdam, jugando en los escenarios con putería. ¡Toc toc! ¡No, otra vez! Voy a abrir la puerta violentamente.
-¡Qué chingaos quieres, pendejo! ¿Eh? No hay na... ¡Oko! ¿Qué haces afuera?
-Mordí a Goko y lo perseguí hasta la esquina, jaja, casi lo atropellan cuando quiso cruzar la calle.
-Qué chingón. Pero, ¿cuándo saliste? Estabas echado en tu tapete, ni te paraste cuando tocó ese idiota.
-Salí antes de que le cerraras la puerta. Ah, oye, me dio sed.
Chalet, tendré que seguir con la historia la próxima semana por tantas interrupciones. Me siento mejor, qué bueno que persiguieron a Ray Goko. Me lo imaginé corriendo, horrorizado por la mandíbula de Oko, llena de dientes grandes y fuertes. Estuve a punto de regalarlo hace unas semanas y me arrepiento por haber pensado en ello.
La mujer comenzó a quitarse la ropa, tenía unas tetas que me gustaron mucho, se paseó alrededor de mi cuerpo sin playera y luego sacó un plumón.

martes, mayo 27, 2008

Escenarios con puteria. Fasciculo 3 (parte VII)

No me lo van a creer, pero me puso el vibrador en la boca. No piensen así, no me lo puso para que lo chupara, colocó la parte por donde se ponen las pilas en mi boca, me indicó que lo mordiera, que lo sujetara con los dientes. Al principio, cuando me lo acercó a la boca, hice cara de asco y me negué a tomarlo. Ella dijo, it's clean. Ah, no bueno, si ella lo dice, pus seguramente así es, pensé, y dejé que me lo pusiera en la boca.
Tenía el plástico rojo, era rojo, brillante frente a mis ojos y ella se había levantado. Estaba parada con una pierna a cada lado de mi cuerpo, se acercó para estar a la altura de mi cara y se agachó. Se sentó en el vibrador. Vi cómo desaparecía el rojo brilloso entre los preciosos labios de su limpia, saludable y rasurada vagina. Se lo sacaba y se lo metía. Quedé totalmente deslumbrado, nada comparado con el teatro porno anterior.
Confieso que la idea no era tan buena, me dolieron los dientes y la quijada, tanto que se me humedecieron los ojos por aguantarme la presión por toda mi boca. Se levantó y escupí el vibrador, de inmediato sentí el bienestar de la ligereza. Ella me sonrió como si fuera un hijo suyo que hiciera una hazaña trabajosa y esforzada. Me ayudó a levantarme y el público me aplaudió de mala gana, me imagino que hubieran querido estar en mi lugar y seguro alguno de los gringos raboverdes hubieran aprovechado más la acción.
Me despedí de la performancera con un beso en el borde de sus labios y me fui a sentar junto a mis cuates músicos que me recibieron con palmadas en la espalda y me sonrieron orgullosos de mi suerte.
Nos dimos el lujo de pedir una chela. Brindamos, no recuerdo por qué. Los gringos nos miraban con mala cara. Sabían que no podían competir con nosotros. En eso entró otra chica al escenario con putería, también estaba en muy buena forma, pero no tenía la actitud tan agradable como la otra, a esta se le notaban gestos vulgares en sus facciones. Y también subió a alguien del público al escenario. ¿Adivinen a quién? Sí, a mí. Les juro que no lo estoy inventando, de verdad pasó, todos se sorprendieron y muchos evidenciaron su enojo y frustración, hasta se dejaron escuchar maldiciones al estilo gringuesco.

miércoles, mayo 21, 2008

Escenarios con putería. Fascículo 3 (parte VI)

Aaaaaaaah! Listo, seguimos con los fascículos.
Recuerdo que entramos a otro centro nocturno que también tenía bancas de madera, pero esa vez, el lugar era grande y las bancas dispuestas alrededor del escenario, al costado izquierdo, derecho y al frente, atrás había una pared de espejo. El piso del escenario era una duela limpia y nueva. Había poca gente, nosotros tres, sentados en la primera banca del costado izquierdo. Al frente, en la tercera fila, un grupo de gringos viejos, gordos y calvos.
Primero hubo un show de una pareja que interpretaban al Zorrou y la amante del héroe. No me acuerdo qué hicieron, seguramente no fue importante. Creo que bailaron y el enmascarado la desnudó, pero no cogieron frente a nosotros. Terminó el show, les aplaudimos y se fueron.
Luego salió una mujer joven, parecía sencilla, guapa, que se podría confundir con una oficinista, me refiero a que no tenía ningún distintivo que la mostrara como bailarina exótica. Bailó un rato, veía mucho al público en general, se desnudó y luego bajó del escenario a caminar cerca de nosotros. Sorpresivamente, me tomó de la mano y me subió a la pista, recuerdo que me puse rojo, no sabía qué hacer, creo que era muy notorio mi nerviosismo y ella me relajó con unas caricias en el pecho y la espalda.
Me paseó por el escenario para que el público me viera. Se acercó mucho a mi cara y me preguntó que de dónde era, de México, le dije, ooooh, respondió, me miró interesada y con coquetería. Yo estaba demasiado flaco, tenía el pelo algo largo y revuelto. Mis cuates estaban serios, parecían temer lo peor, creo que no querrían verme desnudo y cogiendo con una güera bonita, alta y buena, no sé, pero no gritaban y chiflaban. Cambió la música de las bocinas y ella me acostó en el piso. Traté de relajarme, cerré un segundo los ojos, ella notó mi inestabilidad e inexperiencia, acarició todo mi cuerpo, creo que para que me calmara, por lo menos eso parecía.
Se alejó de mí, fue a la pared del espejo y tomó un estuche, parecía de cosméticos, pero no sacó sombras ni polvo, sacó un vibrador enorme. ¡No! Por un momento pensé que jugaría con mi culito, traté de levantarme y salir corriendo, pero ella puso un pie sobre mí, en el pecho, e impidió que me levantara sonriéndome con dulzura. Le enseñó al público el aparato. Yo comenzaba a torcer los ojos cuando se quitó una tanga que se había dejado y miré su linda vagina, la acercaba a mí, poniéndose en cuclillas y levantándose. Regresaba mi confianza y le sonreí, ella me miró desafiante.

miércoles, mayo 14, 2008

Interludio fascicular

Hoy recordé que tenía que seguir recordando otro fascículo de esta seudo noveleta que hago para todos ustedes desde la Escandinavia, lugar de pandillas amateurs. Me acordé porque apareció de la nada, no entiendo cómo habrá pasado, una página porno en mi pantalla, le di clic inmediatamente para que se quitara, pero no sé por qué arte de magia entré en ella y cataplum, videos y fotos de mujeres desnudas masturbándose, estaba conmocionado por el fenómeno, moví el ratón enojado y traté otra vez de quitar la página inmoral e indignante, pero, de verdad pasó, me saqué mucho de onda, ya tenía el pantalón abajo y mi mano en la verga mientras corría un video de la página. Empleé toda mi fuerza para evitar algo de mayor envergadura, incluso le pegué a mi mano derecha para que dejara de hacer lo que estaba haciendo, pensé que a lo mejor cuando tuviera hijos nacerían con bajo intelecto, pero la mano derecha me ignoró y culminó con lo que todos saben. Así recordé que debía hacer el siguiente fascículo.
Puse manos sobre el teclado, sin lavármelas, no crean que manché las teclas, lo que pasa es que no eyaculo porque en mi adolescencia mi mamá me regaló un libro llamado "El tao del sexo y el amor" y ahí aprendí a tener un orgasmo sin eyacular. Por ahora no les puedo revelar el secreto, pero sí les diré que se supone ser un método para no envejecer y ser longevo. Me quedé con las letras en los dedos, hasta me sacudí las manos, las letras no querían desprenderse. Tendré que seguir inspirándome o ayudándome mágicamente a recordar el siguiente fascículo. Bueno, les puedo adelantar que entramos a otro centro nocturno con show en el que participé.

martes, mayo 06, 2008

Escenarios con putería. Fascículo 3 (parte V)

¡Hurra, hurra! Gritaban los no mexicanos. ¡A huevo, a huevo! Gritábamos los mexicanos, sólo nosotros tres, junto a gringos, japoneses y de otras cosas menos numerosas. El verdugo le acariciaba la panza y las piernas. La monja pasaba sus manos por el tronco desnudo del verdugo. El malo le desgarró la ropa a la inocente víctima, que, por cierto, estaba buenísima, para luego dejarse quitar las telas que tenía puestas debajo de la cintura y la tanga. Se dejó mamar la verga por los celestiales labios de la monja mientras ella se abría de piernas frente al público que gritaba de emoción y aplaudía, incluso algunos se levantaron para ver de cerca, pero de inmediato se sentaron tras recibir insultos y algunas colillas en sus cabezas.
Luego pasó lo mismo que pasa en las películas porno, nada extraordinario ni interesante, el verdugo se la mamó a ella, jugaron un rato, él la penetró y nada fuera de serie hasta que se bajaron del escenario. Uno de los japoneses parecía que conocía la obra porque se sentó con sus amigos en la orilla de dos bancas, junto a un pasillo que dividía las hileras de los asientos, y empezó a aplaudir frenéticamente con los ojos vidriosos, parecía un idiota que recibiría su pastel favorito. Los actores caminaron por el pasillo y miraron a la gente, saludaron a los japoneses como popstar a sus súbditos. Entonces sucedió que la mujer se sentó en las piernas del japonés exaltado, el verdugo se quitó la capucha, le levantó las piernas y se las abrió, los otros de ojos rasgados y algún gringo que se les entremetió acercaron sus cabezas para mirar muy de cerca los labios carnosos y jugosos de la actriz, que fueron penetrados lentamente por el verdugo, el pobre actor no podía moverse con mucha libertad por todas las cabezas que se le metían, se le veía incómodo, parecía tener una cara insatisfecha por la humanidad que ya no respeta ni valora el talento de un artista de su talla. Enojado, arremetió con fuerza contra la monjita y ésta no pudo sostenerse con fuerza y se fue para atrás, dos o tres manos aprovecharon para toquetear sus tetas bien formadas. ¡Hey! ¡Take it easy, gays! Se escuchó en las bocinas mientras se acercó un tipo de seguridad que daba miedo al verlo. La monja se recuperó entre los gritos, las caras desocompuestas y los aplausos de los parroquianos. Los actores se pasaron a otras piernas e hicieron la misma escena, pero sin interferencias.
Terminaron su actuación, volvieron al escenario, recibieron aplausos, aclamados por el público, y se inclinaron en agradecimiento.
Yo salí de ahí con la mirada impresionada atrás de mis cuates que iban riéndose de la obra. Salimos a la orilla del canal y todo estaba como si nada, el agua verde y tranquila debajo de nosotros, transeúntes paseándose por la calle de adoquines, turistas anglosajones borrachos, gritando y cantando, y la luz de los faroles de Amsterdam iluminaban las hojas de los árboles logrando un efecto en la ciudad de tranquilidad y romanticismo.

domingo, abril 27, 2008

Escenarios con putería. Fascículo, no escena, 3 (parte IV)

Todo el público nos acodábamos, éramos bastantes, casi se llenó. Las luces se apagaron y el telón comenzó a subir, apenas podía hacerlo, parecía que alguien lo hacía manualmente a un lado del escenario mientras otro alguien le mamaba la verga, ¿hubiera sido posible? Claro que no. Simplemente estaría viejo el mecanismo para subir el telón. El telón seguía con la intención de tocar las alturas, se esforzaba, y conforme lo hacía permitía que viéramos unas botas masculinas de metalero y un aparato de madera a su lado. Arriba telón, tú puedes. Seguía mostrándonos, por encima de las botas vimos un pantalón de tela gruesa, tipo de lana, negro y sucio. Me adelantaré, el telón terminó de subir y en el escenario se veía a un hombre disfrazado de verdugo y a una monja inclinada hacia el aparato de madera que era una mesa con una guillotina. La monja tenía el cuello a la altura del filo de la cuchilla y exclamaba clemencia, movía la cabeza desesperada, parecía a punto de llorar. Me conmovió esa escena, pensé que la pobre monjita moriría en manos de un tipejo, claro, seguro bajo las órdenes de algún maligno rey que le descubrió algo totalmente pecaminoso, sonetos, el rey le encontró sonetos. Ella no querría ser descubierta y escondería los monches de papeles, pero alguna compañera en el monasterio que le tendría envidia por su belleza e inteligencia le robó algunos de los sonetos y se los llevó al rey. La mandaron a que le cortaran la cabeza. Fue la escena que empezamos a ver. El verdugo ocultaba su rostro bajo el típico saco puntiagudo, negro y con hoyos. Hablaban en inglés y el verdugo le dijo a la monja, jajaja, antes que nada te cortaré las manos con mi hacha, jajaja. A la monja casi se le fueron los ojos para fuera del escenario con putería. Pobrecita. Algunas personas del público gritamos, ¡no, clemencia, déjenla vivir! En eso, el verdugo pareció escucharnos, sí, lo recuerdo tal como si estuviera ahí en este preciso momento, en lugar de rodearme con mis cuatro paredes bajo una luz rojiza y pobre, sintiendo humedad, en un departamento desmoronándose, ash, pero, sí, lo recuerdo bien, pareció escucharnos y se detuvo, bajó su hacha y preguntó, cómo nos arreglamos, jajaja. Ésta última risa es mía, no del verdugo. La monja respondió, pos usté dirá, señor verdugo. El verdugo dijo, no sé, no se me ocurre nada. Alguien del público gritó, ¡cógetela, pendejo! La monja le respondió, piénsele bien, guapetón. Digo, la monja quería salvar su vida, habría hecho cualquier cosa, ya luego se las arreglaría con diosito, ¿no? La monja lo miraba con fuego en los ojos hasta que el verdugo se dio cuenta de la propuesta y comenzó a acariciarle la cara, el pelo y los senos. Y en el público gritábamos de emoción.

lunes, abril 21, 2008

Escenarios con putería. Escena 3 (parte III)

Llegamos a un callejón donde había ventanales en las paredes que dejaban ver a mujeres vestidas demasiado bien provocadoramente. Había de varios estilos. Estaba la mujer que hacía una cara ingenua y estaba vestida de colegiala. Otra hacía una cara infantil y tenía ropa de niña pequeña, eso creo que lo estoy inventando, no lo recuerdo, seguramente estaría prohibido, promovería la prostitución infanitl, fuchi. Bueno, pero recuerdo a una mujer que estaba vestida increíble, tenía una mirada fuerte y agradable, su pelo era lacio y negro, era hermosa, además tenía dos libros en una mesita tapada con una manta que parecía de terciopelo, pero no era esa tela, no lo recuerdo bien, combinaba con el gusto de la mujer, eso sí, no, una cosa maravillosa, como dice Manzanero. Incluso, recuerdo que me quedé a mirarla, mientras lo hacía soñé que ella se fijó en mí, yo actué como todo un caballero virilmente inteligente e interesante, nos fascinamos y me dejó entrar. Pero puro pichón, regresé a la realidad y ella se había sentado en una silla que tenía ahí y miraba aburrida la mesita con los libros. Mis cuates, los músicos, me gritaron que me apurara, estaban varios metros adelante. Me fui rápido de ahí. Total, pus qué, el amor de que llega, llega, pensé. Caminamos un poco, entre muchos pasillos y callejones, salimos a un canal ancho, donde la orilla estaba atiborrada de locales y centros nocturnos. Pasamos por uno que era un teatro porno y estaba en exhibición la pieza drmática El verdugo y la monja, recuerdo que costaba como ¿veinte florines? Todavía no había euros y ya no recuerdo a cuánto estaba el florín holandés. Era una lana, eso sí recuerdo. A ellos parecía no importarles. Saqué el dinero de mi entrada y pasamos por la puerta. Se nos mostró un foro con bancas como de iglesia, con ceniceros a la altura de las rodillas, al estar uno sentado, sostenidos en una pata delgada de metal. Estaba sucísimo, casi no se veía por la media luz del lugar, me persigné y recé para que no me sentara en los mecos de algún gringo cerdo. Delante teníamos un escenario pequeño con el telón caído. Atrás había una cabina de sonido donde estaba un güey que se burló de los japoneses. Caballeros, les anunciamos que no se puede tocar a los actores, no se pueden echar mecos en las bancas y no se pueden tomar fotografías ni viedo, esto está dirigido en especial para los sony boys. Ésta es la tercera llamada. Así anunció la última llamada, sin signos de admiración.

domingo, abril 13, 2008

Escenarios con putería. Fascículo 3 (parte II)

En el hostal me tocó dormir en un cuarto grande lleno de literas, unas seis, con banda joven, puros hombres, los dormitorios no eran mixtos, para evitar que manchen las sábanas. Una de las cuatro noches escuché cómo se cogían dos de mis vecinos, en la litera de al lado, lo bueno fue que estaba cansado y bebido, dando lugar a un sueño pesado. Lo que más odié de ese lugar era que tenía que levantarme antes de las nueve, salir del dormitorio y no entrar sino hasta que los de la limpieza terminaran de trabajar, por ahí de la una de la tarde. Ah, y además tenía hora de entrada, de la verga. Ahora se me nubló la memoria y no recuerdo en absoluto dónde me bañaba. No importa, lo principal aquí es dar lugar a los escenarios con putería.
La primera noche estaba en el comedor con un chingo de gente. Todos platicaban mucho y en voz alta, gritaban y reían. Se servían vino y alcohol de diversas características. Se fumaba mucho, tabaco de todos olores y nacionalidades. Algunos grupos jugaban cartas u otras madres. Se escuchaba hablar todo tipo de idiomas. Esa noche conocí a dos güeyes, uno de Monterrey y el otro de Guadalajara, eran músicos de conservatorio y me cayeron bien. Iniciamos la plática y quedamos de vernos al día siguiente como a las ocho de la noche para ir a divertirnos, después que yo hiciera mi tur por la ciudad, durante el día, donde acudí a lugares y vi postales y caminé por puentes y parques y comía en la banqueta, pan fresco con jamón y jitomatitos o cualquier otra cosa, mientras miraba alguna plaza o algún espectáculo callejero o miraba pasar a mujeres que jamás vería en las calles de México.
Me vi con mis nuevos cuates en la plaza tal, en la estación tal, del tranvía tal, y nos fuimos a caminar por entre los callejones y lugares nocturnos. No entramos a ningún bar. Nos fuimos directo hacia la zona roja o rosa y pasamos por un local de comida israelita donde vendían falafel, hicimos una parada porque mis cuates habían dicho que en aquel lugar estaba muy rico y además tenían salsa picante para la comida. Excelente, les dije, ya me hacía falta algo de picante fresco. Hacían la salsa con chile seco, parecía chile de árbol, seguramente era el chile seco rojo que usan los chinos y que se consigue con facilidad en Europa. Recuerdo que me sentí identificado con el pueblo israelita. Pos bueno. Comimos Falafel en pitas con pepino, cebolla, col morada y otras ondas. ¡Riquísimo! Y la salsa picaba a madres. Estuvo bien cabrona, mis cuates se rieron cuando le di mi primer bocado al falafel.
De ahí nos dirigimos a la zona roja -sí, es roja, ya lo investigué en google- con la panza llena y de buen humor.

domingo, abril 06, 2008

Escenarios con putería. Fascículo 3 (parte I)

En el interior de este fascículo tendremos un escenario extranjero, el siguiente recuerdo sucedió en ¡Amsterdam!, Holanda, claro, no en Amsterdam, Condesa, en la Ciudad de México. No, en la zona roja o rosa, no recuerdo bien el color, ni importa, de ese país del que los ingleses se burlaban mucho en la época shakespereana, los llamaban queseros y chancleteros. Y si vieran que en la visita que pude hacerle a Amsterdam vi varios quesos que vestían únicamente chanclas.
¿Cuántos años tendría durante ese viaje? Veinte o veintiuno, ya estaba mayorcito, pero con la misma curiosidad por las vaginas y acercándome a ellas con una actitud distinta a la de los años anteriores. Podría parecer obvia mi especulación, pero ni tanto, una lógica natural nos llevaría a creer que conforme avanza el tiempo, uno vive más experiencias, se aprenden cosas, etc. y así la actitud de una persona se va perfeccionando, pero como todos hemos notado alguna vez, en cualquier circunstancia, en nosotros mismos, etc. sucede todo lo contrario. Un ser humano puede ir en contra de la lógica natural y sin que se lo proponga. A huevo. Ahora bien, después de pensamiento tan aburrido como que da más sed por entrar en imágenes con un sabor a veces dulce, a veces amargoso y con un tacto siempre húmedo, siempre baboso. ¡Con todos ustedes y para todos ustedes, desde Amsterdam, Holanda, los recuerdos vulgares y sexosos de Ruy Guka!
Fue un viaje largo que concluyó en el país de la justicia y las drogas. Llegué en tren. Salí de la estación de trenes, crucé una calle ancha y luego un primer puente, sobre un canal verde. Llevaba una mochila grandota, cuadrada, de las que se cargan al hombro, una bag pack grande, una mochila normal, chica, y una mochila larga donde traía unos bongós. ¿Por qué llevaba mis bongós? No sé, fue algo inexplicable. La cosa es que llevaba demasiadas cosas y la gente me veía preocupada, notaban que mi balanceo, al caminar, era inestable. Así caminé varias cuadras por una avenida principal que, supuestamente, me llevaría a mi hostal donde había reservado un lugar desde el internet. Por suerte no tuve que ir muy lejos. Llegué a mi hostal y cuando me descolgué las mochilas de mi cuerpo, mis extremidades recuperaron su color normal, fluyó de nuevo la sangre por mis venas.

lunes, marzo 31, 2008

Escenarios con putería. Fascículo 2 (parte III)

A huevo, pensé, sería estupendo poder ir al privado. Armando y mi padre esperaban mi respuesta. Sí, va. Respondí.
La verdad es que recuerdo que me puse nervioso, no sabía exactamente lo que pasaría. ¿Significaba coger? Si sí, ¿la ficha incluía condón? Esperaba que sí porque no lo tenía y no iba a introducir mi artefacto, el único que tenía, carente de garantía por anomalías virales, sin protección. Pensé también, de verdad, no lo estoy inventando ahorita, recuerdo bien que no asimilé bien el hecho de que podría cogerme a una total extraña. Digo, entendía perfectamente que la chava recibía un pago por hacer lo que hacía, pero aún así era un ser humano, no sé, divagué de esa manera a lo mejor porque era muy joven, tendría unos diecisiete o dieciocho años.
Se acercó a nuestra mesa una mujer morena de curvas poderosas, con un culo grande y unas tetas naturales, redondas y medianamente grandes. El pelo era negro, largo y con ondulaciones esponjadas. Le di la ficha que me había dado Armando, me sonrió y creo que se alivió de que no tenía que hacerlo con alguno de esos dos vejetes de mi misma mesa. Mi padre me observaba y yo trataba de no evidenciar mi nerviosismo. Dejé que ella me tomara la mano, me levanté de la silla con la mayor naturalidad posible, y seguí a la morena. Me guió tras la cortina del fondo del salón, subimos unas escaleras y entramos a un cuarto rodeado por un sillón de cuero, creo que era de cuero. Le pregunté su nombre, le pregunté de dónde era, le pregunté si había estudiado algo o si trabajaba en otra cosa. No me acuerdo de sus respuestas. Pero sí de que le dije que me gustaba pintar, jaja, y que guradaría su imagen para hacer un cuadro y luego, al siguiente año, en que regresaría al DF, le traería, a ese mismo club, el cuadro para que lo viera, jaja. Ella no se emocionó con lo que le dije, sólo me miró algo extrañada. Ya déjate de mamadas, me dije. Me sentó en el sillón y le pregunté que qué haríamos. Me puso un dedo en la boca y se sentó encima de mí. Tenía puesto un bikini negro y empezó a mover el trasero enorme encima de mi picha ya erecta. Se movía con destreza, pus sí, ¿no? Me dieron ganas de besarla, ¡besarla! Me dijo que no se podía. Bueno. Le acaricié la cintura, las nalgotas redondas y firmes, los senos, y ella luego se hizo a un lado el bikini. Me dijo que esto iba por su cuenta. ¿Ah, sí? Gracias, le respondí. Me prendí mucho y quería cogérmela, pero no se podía. Que lástima. Me había caído bien, era una chica agradable.

lunes, marzo 24, 2008

Escenarios con putería. Fascículo 2 (parte II)

Nos vimos en el departamento de Armando. Nos subimos al auto de Armando. Estábamos su hijo, el de la PGR, mi papá, nuestro anfitrión y yo. Él vivía en la Juárez, en la misma colonia de la putería. No fuimos muy lejos de donde estábamos. Pero recuerdo, que en el camino al centro nocturno, pudimos platicar un poco. Armando, que era simpático y pispireto, nos contó un chiste. "Dos enanos deciden irse de vacaciones a Las Vegas. En el bar del hotel conocen a dos mujeres hermosas y cada uno la lleva a su cuarto." Y putísimas, interrumpió mi padre y se rió entre dientes con movimientos de su cabeza hacia abajo. Armando siguió con el chiste. "El primer enano queda decepcionado porque no consigue que se le pare. Su depresión aumenta cuando escucha gritos desde el otro cuarto: ¡uno, dos, tres... upa! durante toda la noche. En la mañana siguiente, el segundo enano le pregunta al primero. ¿Cómo te fue? El primero le contesta, fue algo muy penoso. Simplemente no pude conseguir que se me pare. El segundo enano se le queda viendo y le dice. ¿Tú crees que eso es penoso? ¡Yo no siquiera pude subirme a la cama!"
Nos reímos todos, alguno por cordialidad y otro con una risa sincera.
Llegamos al centro nocturno, o putero, como se le llama normalmente. Armando le dejó el auto al "valet parking" y luego entramos por una puerta iluminada con luz de neón que apenas nos permitía ver nuestro alrededor. Un tipo trajeado nos recicbió a la entrada. Armando le dijo algo que no pude escuchar y el trajeado llamó por su radio a alguien. Apareció otro hombre vestido de traje, delgado, con lentes, que saludó amistosamente a Armando. Luego nos hizo pasar al interior y nos condujo a una mesa frente al escenario, a la pasarela esta con sus tubos relucientes. Nos sentamos. Vimos el show. Las mujeres eran diferentes a las que se mostraron en el Chac Mol.
Yo miraba el show algo aburrido. El espctáculo no era bueno y las mujeres no mostraban su vagina como lo hizo aquella del Chac Mol. Por lo menos no de la misma manera tan insistente como aquella vez. Pero bueno, me acabé mi cerveza y pedí otra. El contador pagaba. Eso había dicho. El caso es que yo no pagué ni un céntimo.
De pronto vi que Armando le dijo a mi padre algo en el oído. Mi padre se rió y le dijo que no. El otro ignoró su negativa y llamó a una chava que rondaba por ahí, la tomó de la mano y la sentó en las piernas de mi padre. Éste casi se va para atrás de la silla. Se puso nervioso y la quería levantar por la cintura para que se pusiera de pie. El contador le daba palmaditas en la pierna y en la nalga indicándole que no le hiciera caso al señor. Mi padre me miró, lo noté algo avergonzado y de inmediato él mismo se levantó obligando a la mujer a que hiciera lo mismo. Uy, bueno, dijo Armando. Mi padre, con el rostro abochornado, regresó a su asiento.
Oye, pero cómo. Me imagino que no vas a querer ir al privado. Ya compré unas fichas. Dijo el contador. Mi padre, por supuesto, se negó rotundamente. El hijo del otro escuchó ficha y se le encendieron los ojos, se levantó y desapereció tras unas cortinas al fondo. Armando y mi padre me miraron. ¿Qué?, les dije. ¿Le damos a tu hijo la ficha? Pues si él quiere, dijo mi padre.

domingo, marzo 16, 2008

Escenarios con putería. Fascículo 2 (parte I)

El Chac Mol quedó en el pasado. Muy en el pasado. Recuerdo otra ocasión en que asistí a otro centro nocturno. Esta vez sucedió en el D.F. Mi padre tenía un contador que era hijo de un alumno suyo. El alumno de mi padre tenía unos setenta u ochenta años, era jubilado de la honorable armada de México y lo recuerdo bien porque le gustaba invitarnos a comer barbacoa al estado de Hidalgo, creo, no recuerdo tan bien, pero el caso es que era muy lejos. Íbamos en su bocho.
El señor tenía muchas arrugas, muy hundidas, y una sonrisa honesta. Estaba frente al volante con sus lentes oscuros grandes y una gorra militar con sus insignias importantes, tan importantes que alguna de esas veces, que íbamos en su bocho, nos detuvo la policía y no le hacían nada. Hubo un policía que no cedió ante la gorra y el señor le enseñó sus credenciales. Nos dejaron ir. La policía lo paraba seguido porque manejaba como si conduciera el solo por las calles. Inluso tenía una escuadra en la guantera.
Bueno, pues este señor respetaba y estimaba mucho a mi padre; estos sentimientos se los heredó a su familia: su hijo, que era de la edad de mi padre, la esposa del hijo, sus dos nietas y un nieto. Era tanto el sentimiento de estima hacia mi padre que, esto me lo chismearon, hubo una insinuación de ellos para que mi padre desposara a la nieta, que tenía unos veintitantos, casi treinta, y mi padre fingió demencia ante esta sugerencia.
Yo vivía en Mérida y visitaba a mi padre en fechas decembrinas básicamente. El alumno, Agustín, ahora recuerdo su nombre, junto con su familia nos invitaban a mi padre, a mi hermano y a mí a desayunar a un hotel de la Zona Rosa. Era de ley.
Agustín falleció y la amistad de su familia siguió. El hijo, Armando, se había ofrecido, en alguno de esos desayunos, a llevar la poca contabilidad de mi padre. Así que, además de la amistad, siguió también una relación contable. Armando no le cobraba. A cambio de eso, cuando mi padre iba a verlo a su oficina, cerca del monumento a la revolución, Armando le platicaba su vida, de los problemas que tenía con la esposa y con las hijas.
En una de estas visitas, estando yo de vacaciones en el D.F., mi padre me platicó que Armando le había preguntado si conocía los centros nocturnos y mi padre le había dicho que no, que no había tenido la oportunidad de asistir a alguno. Entonces Armando lo invitó y mi padre le dijo que no le interesaba. Pero yo le dije que, chale, cómo se había negado, que hubiera aceptado y que yo sí quería ir. Mi padre me respondió que ah, pus, bueno, por qué no, que sería como objeto de estudio, nada más. Ajá, sí, le dije. Y sin decir más, tomó el teléfono, le marcó a Armando y quedaron de verse el fin de semana siguiente. Como le había dicho que iría yo, Armando tuvo la idea de invitar también a su hijo, que trabajaba en la PGR y era unos diez años más grande que yo. Nos quedamos de ver en la casa de Armando y de ahí nos fuimos a un centro nocturno de la Zona Rosa. Le gustaba esa zona.

sábado, marzo 01, 2008

Escenarios con putería. Fascículo 1 (parte II)

Qué nombre. Chac Mol. Antes era un hotel, luego se convirtió en centro nocturno que incluía servicio de cuarto. Mamar caminaba en la banqueta, taciturno y con las manos metidas en los pantalones. Vergasalas silbaba algo y caminaba en la calle. Les pregunté si querían entrar. No hay dinero, me respondieron. No importa, podemos entrar, ver y salirnos. Bueno, respondieron desganados -los diálogos no fueron exactamente como los digo aquí; tan buena memoria no tengo-. Vergasalas se tropezó al subir a la banqueta. Casi se cae. La entrada era una puerta metálica y negra. Antes esa puerta era la salida de emergencia. La puerta principal de lo que era el hotel estaba a la vuelta, siempre cerrada. Donde bailaban las chavas era lo que había sido el restaurante del hotel. Entramos, el piso tenía alfombra café oscura y sucia. En medio de la sala estaba la pasarela de exhibición, no sé cómo se llame exactamente por donde caminan las talentos, y al final y en medio de la pasarela había un tubo. Las mesas y las sillas eran todavía las que usaba el restaurante, las mesas de madera y las sillas de metal, acolchonadas con tela negra de plástico, rellena con hule espuma. Llegamos a la parte final de la sala, hasta donde llegaba la pasarela cuando nos vinieron a ofrecer una mesa. No, gracias, le respondió Mamar al mesero cuando visualicé a un güey, como de nuestra edad, que recibía una cubeta de chelas y saludaba al mesero con algún apodo. Estaba solo. Lo reconocí, era un cuate con el que había estudiado la secundaria y jamás lo volví a ver hasta ese momento en el Chac Mol. Me acerqué y también me reconoció. Me invitó a sentarme. Le dije que estaba con dos cuates. Nos invitó a los tres a sentarnos y nos ofreció una chela a cada uno. Recuerdo que era muy amable y estaba de buen humor. En la secundaria le decían Becho, se llamaba Bernardo, pero todos lo llamaban Becho. Descubrí que seguía haciéndose llamar igual porque el mesero se acercó y le preguntó: "Todo bien, Becho". Sí, todo bien, respondió el otro. Platicaba con él de cómo había estado cuando una chava que, sobre la pasarela, se agachó frente a nosotros, como si hiciera una sentadilla, y nos mostró alegremente su vagina abierta. Debo reconocer que en ese momento me tomó de sorpresa y quedé impactado. Vergasalas y Mamar también, sostenían la chela en el aire mientras miraban fijamente hacia la entrepierna de la chava. Becho era el más normal. Parecía acostumbrado, incluso parecía que la chava le sonreía confiadamente. Luego nos sonrió a todos, nos mostró orgullosa la panocha, acercó el vientre, abrió más las piernas y trataba de hacer para atrás los muslos lo más que podía. Luego se despidió de nosotros con un moviemiento de cabeza, se puso de pie y siguió con su show.

Escenarios con putería. Fascículo 1 (parte I)

Ya fuera de mamadas de homenajes y chiderembalias (esta sección fue dedicada al gran mundo tan maravilloso, tan importante, de la publicidad) quiero platicar un poco de mis experiencias en lugares cerrados donde la gente se desnuda. Donde la gente se desnuda por completo. A ver, a ver, aclaremos esto de "la gente", la gente no se desnuda, más bien la gente está vestida y observa a una o más personas desnudas. A ver, a ver, ¡pelos, pelos!
La primera vez que entré a un lugar como estos, llamados "puteros" en México, fue en Mérida, Yucatán. En la linda Mérida. Era la época en que todavía asistía a la prepa, la prepa mexicana tan inteligente. Eran las tres o cuatro de la madrugada. Estaba con dos amigos, Vergasalas y Mamar, en una fiesta dentro de una casa en la calle 55 o 53 del centro de la ciudad. Había un tipo gordo y alto en la entrada, vestido como rapero o cholo, era gringo y se veía totalmente ridículo, con cadenas de oro, tatuajes y una gorra en la cabeza. Adentro de la casa se escuchaba música electrónica a todo volumen. Casi no había gente. Un güey treintón o mayor estaba en las consolas poniendo música, instalado en un cuarto que, al asomarme, pude ver objetos y decoraciones de casa habitable. No se podía entrar a ese cuarto. El resto de la casa tenía las paredes pintarajeadas. En el suelo se pisaban charcos de cerveza y refresco con alcohol. Había un patio pequeño, como de unos cuatro o seis metros cuadrados, donde bailaban dos güeyes, uno sin playera y el otro con ella; cabeceaban a desritmo y movían los brazos torpemente. Tenían los párpados semicerrados, ya sea por sueño, ya sea por pachecos, ya sea por borrachos o ya sea por esas tres a la vez. Nada interesante esa fiesta y no había viejas. La música me gustó. Mis amigos y yo buscamos algo qué servirnos. Encontramos un bacardí añejo y había una botella de coca cola. ¿Qué mejor? Además veníamos de otra fiesta, o de mi casa, y habíamos bebido y fumado mota. Así que estábamos no muy exigentes, pero la fiesta era una porquería. A lo mejor llegamos tarde. Le pregunté cómo había estado la fiesta a un tipo que estaba hablando con otro sobre música electrónica y video arte o algo por el estilo, hablaba muy mal el mexicano, y era mexicano, gritaba lo que decía y tenía expresiones orales y faciales del clásico farol provinciano que uno puede encontrarse fácilmente en cualquier parte. Me respondió: Qué te puedo decir, güeey. Gente bien prendida vino a lot, inteligeente. Ya sabes, que saben qué onda. Vinieron hermosas mujeres también, bellas...
Me alejé de él y le fui a preguntar lo mismo al gringo grandote de la puerta. Me respondió: no buena. Ha estado igual toda la noche. Un poco más gente antes, tranquilo, bien.
Terminé de beber mi segundo vaso y fui por mis cuates que estaban en el patio. Nos fuimos de ahí y caminamos una cuadra, en la esquina estaba el putero llamado "Chac mol".

lunes, febrero 18, 2008

Homenaje

Esta entrada está dedicada al escritor Alain Robbe-Grillet. Murió ayer de un ataque cardiaco. Autor de una literatura poco accesible para el lector medio. Padre de la nouveau roman. Escritor poco reconocido, apenas aceptado por la academia francesa en el 2004. Escribió una literatura donde no había movimiento.
Un saludo a Robbe-Grillet.
Esta literatura me gusta a mí que soy Ray Goko. Ruy Guka no la entiende porque sucede que lo pelmazo no solo la tiene como persona sino también en sus entendimientos literarios.
Ruy Guka: Cállate, imbécil. Yo fui el que te hizo descubrir y disfrutar tales artilugios.
Ray Goko: ¡Me la pelas, me la pelas!
Ruy Guka: Bueno, antes de que se apropiara de mi entrada el idiota de Goko quería decir simplemente que se le recuerda a Robbe-Grillete.
Ray Goko: Uyuyuy, me voy a poner a llorar. ¡Mmpf! Guka ni siquiera lo ha leído, vio la noticia en el periódico y tomó la oportunidad de hacerse el interesante homenajeando a Grillet. Ja.
Ruy Guka: Ajá, sí, lo que tu digas.
Ray Goko: ¿Ju o no Ju? Este es otro ostión.

jueves, febrero 07, 2008

Chiderembalia III

Por su pollo el mole de doña Sopascatastróficas es el mejor. Ahora llévelo en microcápsulas. Se las coloca en la boca y tendrá el mero mero sabor ranchero del mole negro en sus glándulas gustativas hasta por doce horas al día.





¿Ju o no ju? Éste es el ostión.

martes, febrero 05, 2008

Chiderembalia II

En este blog se escribe en mexicano. Decenas de millones hablan en mexicano. Todos hablamos en mexicano como tú.

Ju, ju, ju.


En este blog se vive sanamente. Este blog desayuna sanamente.


Ju, ju, ju.

domingo, febrero 03, 2008

Chiderembalia

Este blog te acerca con la gente que amas.














Ju, ju, ju.

domingo, enero 27, 2008

Un guionista es un escritor.

¿Han escuchado decirse, a un guionista, escritor? Definitivamente sí escriben, pero no sé por qué me suena raro. Además lo dicen entonando la palabra escritor de una forma como para darle importancia a sus personas. A mí, por ejemplo, me cuesta trabajo decir que soy escritor, cuando sin duda alguna, sí lo soy. Una vez le escuché decir a alguien que un guionista es el pintor de paredes, no el pintor de cuadros. ¿Se deberá hacer la misma diferencia? Escritor, pero ¿escritor de guiones o escritor de literatura? Que mala onda discutir esta diferencia; o que inútil discutir esta diferencia; o que chafa discutir esta diferencia.
Lo que sí sé es que el guión no es un género literario. Con trabajo se aceptó la dramaturgia como tal, ahora el guión, ¿aceptarlo como género literario? Pasarán muchas discusiones antes de catalogarse así, de subrise de nivel. Y descalificaciones e insultos, incluso hasta golpes, antes de que los endiosados géneros literarios acepten a uno más entre ellos.
Yo creo que el guión jamás será aceptado como género literario. Y, por lo tanto, los que escriben guiones no podrán gozar del título de escritor sin el distintivo de guión, como los que pintan paredes, el pintor de pared.
¿
Por qué? -preguntó alguien del público.
Jjajajaja. Perdón. ¿Quién hizo esa pregunta?
Yo.
¿Quién yo?
Carlos Fuentes.
Ah, ejem, estee, bueno, gracias por todo, nos vemos en la próxima conferencia.

lunes, enero 14, 2008

Dengue rompe huesos

El dengue es un virus transmitido por piquete de mosco. Hay de varios tipos. Hay uno en especial que le llaman "rompe huesos". Trae consigo dolor de hueso penetrante, debilidad excesiva -tanto que se te cae la espalda y se te aflojan las piernas-, fiebre, mareos vertiginosos, comezón y te apoltrona en la cama sin que te puedas mover durante dos o tres días. Además a algunos les pasa que vomitan, sangran de algún orificio del cuerpo, incluso se han conocido casos de sangrado en el culo, se pueden estallar las venas de los ojos, los labios se pueden resecar y abrirse.
¡Una experiencia horrible! La enfermedad dura en total de seis hasta nueve días. A mí me dio. No sangré de ningún orificio ni vomité. Todo lo demás sí. Cuidado con los moscos, no platiquen con ellos (sólo con los tropicales).

miércoles, enero 09, 2008

Cada día es una chinga peor

Dunga ca ta la sunga, me ca lipa, equina mala so te ca ronga.
Es tanta la energía con la que empiezo el año que escribo la primera letra de cada palabra pensada y cada palabra escrita es una oración hecha de las primeras letras de cada palabra.

¡No seas mamón! -los niños le gritaron sin dejarlo proseguir.

Estos niños de ahora, groseros, decirle mamón a mí. Ya niños, cállense, no sigan con sus burlas insanas. Si siguen le tendré que decir a doña Gertrudis sobre su comportamiento y les va a ir ¡de la chingada!

¡De la chingada! ¡De la chingada! ¡De la ruygukada! Jajaja -los niños terminaron su burla y Ruy se fue a leer.