lunes, diciembre 24, 2007

Realidad catastrófica, ¿o no?

Primero, que tengan unos días excelentes en estas fechas de nostalgia.
Segundo, les doy este regalito navideño.
Tercero, lean a Sandro Márai.

Video musical Éste es el segundo: regalo navideño. Que lo disfruten.

miércoles, diciembre 12, 2007

Desayuno

A ver, más a la derecha. Se ve que eres nueva, pero no te preocupes. Disipa un poco del azúcar que llevas, ándale, justo así. Le dijo la taza a la cucharita.
Mmm, qué rico aroma a café, lo humedeciste a la perfección y con la cantidad exacta de agua. Vamos bien. Le dijo la taza a la cafetera eléctrica.
¿Ya te calentaste lo suficiente? Bien, ahora toma un huevo y estréllatelo. Toma también una rebanada de tocino. El de pavo, el de cerdo ya hay que tirarlo, no es bueno para la salud. Le dijo la taza a la sartén.
Sí, con dos panes es suficiente. También pon mantequilla y mermelada. École, está quedando todo de maravilla. Le dijo la taza a la tostadora de pan.
A ver, sí, con esas dos mandarinas bastará. Le dijo la taza al frutero.
Ay viene, preparen todo, rápido. Entró al baño. Está haciendo de la pis. En cualquier momento baja. Sí, como lo supuse. Ya estamos, pues. Hora sí, ay viene Ruy. Le va a encantar su desayuno. Le dijo la taza a todos.

martes, noviembre 27, 2007

Cuchitril (parte tres). Capítulo último de dos.

En la base de micros ya no había movimiento. Sólo estaba un coche abandonado sin asientos y sin llantas. Nos acercamos, dentro había bolsas y cobijas. El doc tocó la ventanilla llamando a alguien. Emergió de entre los tiliches un hombre con pelo largo y barba. Bajó la ventana y dijo: ya no hay, doc. Chingadamadre, respondió el doc. Ahora qué hacemos, dije. Tendremos que ir a la cp, dijo. ¿Qué es eso? La ciudad perdida de Tacubaya, dijo sonriendo y los ojos se mostraban vidriosos. Caminamos varias cuadras y conforme avanzábamos, las calles y las casas, se hacían pequeñas. Llegamos a algo parecido a un callejón. Había gente caminando por la calle, también pasaban chavos en bicicletas pequeñas, de las que se usan para acrobacias, pero no hacían nada de eso. Un chavo de las bicis se nos acercó. ¿Qué pasó, doc? ¿Viene por gasolina? Asentimos con la cabeza y el chavo nos dijo que nos adelantáramos al final del callejón y que ahí nos veía. Llegamos y esperamos recargados en un muro de una casa pequeña. El lugar me recordó la calle, la casa donde vivió Kafka un tiempo, en las faldas del cerro, que tenía a lo alto, el castillo de Praga. Ese corredor con casas diminutas, "Zláta ulice", pertenecía a una comunidad de alquimistas que debían encontrar la forma de hacer oro para el rey Rodolfo, cientos de años atrás, y eran reconocidos como mágicos. Kafka tenía que andar encorvado dentro de la casa. En la ciudad perdida no eran tan pequeñas las construcciones, pero casi.
Recién recargados en la pared, cerca de nosotros, había un grupo de hombres jóvenes y unas dos chicas tomando caguamas. Bromeaban, se reían, albureaban a las chicas y después, de pronto, no vi cómo sucedió, los chavos rodeaban un pedazo de pared frente a nosotros. Me sorprendí cuando, uno de los de en medio se salió para que entrara otro, vi que, de espaldas a la pared, estaba una de las chavas, con las piernas separadas y con una sonrisa de placer, recibiendo a cada uno de los jóvenes que la rodeaban. Eso fue lo que vi, tal cual. Por fin llegó el diler de la bicicleta. El doc le compró ochocientos pesos de piedra. Nos salimos de ahí hacia el principio de la avenida Jalisco, donde intersecta con periférico, y caminamos unas cuadras sobre Jalisco hacia el consultorio. Llegamos, subimos las escaleras, entramos y vimos que la puerta del baño estaba cerrada y no había luz dentro. Le dije al doc que seguro se había ido su cuate. No, ahí está el pendejo, dijo. Tocamos y el doc le gritaba que abriera. Tardó varios minutos cuando se escuchó un "¿quién es?". Soy yo, pendejo, abre. El doc le contestó. Abrió: adentro se había creado un vapor de cuerpo sudado, olía de tal manera; incluso había cerrado la ventanita que daba a la escalera en espiral. El amigo estaba pálido y temeroso. Pensó que la policía podría llegar en cualquier momento para llevárselo.
En el camino de la ciudad perdida al consultorio, el doc me dijo que ya se había gastado mil ochocientos pesos. Que nunca hacía estas cosas porque su esposa lo regañaba y ya lo amenazó de que lo dejaría, pero cómo controlarse, me terminó de decir con esa frase.
Nos fumamos todo y el doc quiso ir por más. Le dije que yo ya me iba a dormir, eran como las cuatro de la mañana. Trató de convencerme, pero me pude desafanar. Me despedí y fui a dormir.
Al día siguiente me mudé. Todavía me encontré al doc en el pasillo y me saludó avergonzado, agachó tímido la cabeza. Le di una palmada amistosa diciéndole adiós.

martes, noviembre 20, 2007

Cuchitril (parte tres). Capítulo 1 de dos.

Salí de la estación de metro Tacubaya con dos empanadas y un boing de mango. Crucé la calle para llegar a mi casa: un cuarto con cocineta, construido con tablaroca. La cocina daba a la calle, protegida, apenas, por unas ventanas y una pared de metal. Abrí la puerta mientras miraba el vidrio de la puerta, que había recibido, días antes, un piedrazo. No se rompió todo, cayeron unos pedazos triangulares formando una estrella en el vidrio. Nunca supe la finalidad del acto. No robaron. A lo mejor sí querían robar y pasó una patrulla que alejó a los probables detractores. Sabrá Dios.
Era domingo y al día siguiente me largaba de ahí. Crucé el marco de la puerta y caminé por el pasilló que daba a una puerta y unas escaleras de cemento. Tras l apuerta había una bodega que usaban unos ambulantes que se ponían a fuera del metro. Subí las escaleras que llevaban a otras dos puertas. Una era la del doc, que tenía ahí un consultorio de obstetricia. Por la otra entré a un espacio donde se improvisó una escalera metálica de caracol muy angosta. Cerré la puerta y a la mitad de la subida había una ventanita minúscula, respiradero del baño del consultorio. Iba viendo los escalones peligrosos de metal, escuché que alguien me habló, miré por encima de mí y encontré la cara del doc, enmarcada en ese cuadro pequeño; estaba pálido. Le entendí que dijo: ¿Quieres una línea, vecino? ¿De coca? Le pregunté. Sí, caéle. Sí, por qué no. Voy, sólo dejo mis cosas. No tardo. Le dije. Órale, carnal. Me contestó. Terminé de subir encontrándome con un patiecito, o recibidor como lo llamaba la casera, alfombrado por pasto sintético. Tenía en frente tres puertas. Una era de un señor albañil, plomero, electricista que le hacía el mantenimiento del edificio. La otra puerta era de un cuarto desocupado y la tercera de mi casa. Dejé las cosas y bajé de nuevo. Le toqué a la puerta al doc y escuché algunos murmullos. Parecía que el doc tenía invitados. Identifiqué frases, dichas en voz baja, como: "Es la policía. ¡No abras!" "No, pendejo, es mi vecino." "Cabrón, no mames, ya nos chingaron." "Que no, güey, déjate de pendejadas. Voy a abrir." El doc me abrió. Vestía una bata blanca y debajo una camisa con corbata. Nos saludamos. Me guió al baño, donde se drogaban. Sentado sobre la tapa del excusado estaba su amigo. Se llamaba Pancho. Sólo eran dos. El doc, doc. Me dijo su nombre, pero ya se me olvidó. Esto sucedió hace cuatro años.
El doc sacó del lavabo una lata doblada, con unos agujeros en la parte doblada. No eran líneas de coca, le entendí mal, era piedra. Sobre los agujeros puso ceniza de cigarro y luego unas piedritas amarillentas. Se colocó un extremo de la lata en la boca, con un encendedor quemó las piedritas y fumó. Me invitó y fumé. Pancho también fumó. Se sentía como la cocaína fumada en un cigarro, pero intenso y duraba poco el efecto. Se tiene que fumar cada cinco o diez minutos para seguir sintiendo la piedra. Nos terminamos la lata. El doc sacó un papelito donde había más. Se terminó. Sacó un papelito nuevo. Se terminó. Descansamos tomando unas chelas que había en el refrigerador de las medicinas. Modelo Especial. Platicamos y no sé por qué me habló del EZLN y de política. También me habló de trova y del Ché Guevara. Creo que me confundió con un estudiante primersemestrino de la UNAM.
El doc me preguntó. ¿Vamos por más? Yo no, no tengo dinero. Le dije. No hay pedo, yo pago. Insistió. Bueno. Accedí. Salimos del edificio y nos dirigimos a una base de micros.

Continuará.

martes, noviembre 13, 2007

Saqueo profesional en Tabasco

Buzos profesionales robaron cuantiosos tesoros abandonados por la inundación. Es un grupo de personas que se dedican a estos saqueos en varias entidades de latinoamérica. Aprovechan la desdicha y la tragedia natural para hacerse millonarios. Son varios los integrantes. No puedo hacer la denuncia completa y dar los nombres de la mayoría de estas personas para que no tomen represalias contra mis fuentes. Pero puedo informar, tomándome algunas libertades descriptivas de los hechos, que las personas implicadas en el asunto tienen acceso a información de logística urbana, de bancos y de edificios gubernamentales, mapas y estadísticas (esto es información pública que se solicita en el INEGI), a explosivos utilizados por PEMEX, por ejemplo, para excavaciones y exploraciones marítimas, como también a materiales y herramientas profesionales de costos elevados.
Su modo de operación es simple, llegan al lugar afectado al segundo día, para dejar que escapen o se mueran posibles testigos. Trabajan por la noche para no ser detectados por la ayuda nacional de rescate de damnificados. Aunque tienen la precaución de usar disfraces y credenciales institucionales que justifiquen su presencia. Pero si alguna autoridad insinúa la más mínima sospecha hacía ellos, lo asesinan, de tal modo, que su muerte parezca accidental, fácil de lograr dadas las circunstancias.
Llegan en helicópteros a los puntos marcados en sus mapas y los buzos saltan al agua. Los anfibios inteligentes llevan consigo unas balzas que, jalando de un cordón, se inflan, por si ocurriera alguna emergencia. Se sumergen y nadan, ayudados con lámparas poderosas. Se mueven sigilosamente para no remover el lodo del fondo y perder la frágil visibilidad que apenas les permite ver esa agua que parece, desde lejos, café con leche. Con los explosivos, complejos y discretos, pueden abrir cajas fuertes y bóvedas donde se guardan todo tipo de objetos valiosos, y sobre todo, millones de billetes.
Cuando terminan de llenar sacos grandes, salen a la superficie y llaman por radio, con canales de comunicación privado, al helicóptero que los rescata inmediatamente y se dan a la fuga con toda la tranquilidad del mundo. Así lo hacen durante tres noches o hasta donde y cuando la tragedia lo permita.
Esta noticia no se infiltra a los medios de comunicación por impunidad y corrupción, influencias que se permiten algunas de las personas que están detrás de estos acontecimientos tan oportunistas como viles.






{REEEPORTANDO DESDE LAAA IMAGIIINACIOOÓN DE RAAAY GOOKO}.

{NO TE PUEDO PERMITIR QUE HAGAS ESTO. ESTE ACTO ES UNA IRRESPONSABILIDAD ENORME}.

{MMM. RUY GUKA AL RESCATE. MUY TARDE. COMO VES YA ESTÁ HECHO}.

sábado, noviembre 10, 2007

Yo



Aquí estoy pedo y pienso en lo que nunca obtendré. ¿Cómo qué? No importa, nunca lo obtendré.

martes, octubre 30, 2007

Asalto

Brunilda tomó un taxi en la calle. Subió distraída. Apenas y saludó al conductor. Dudó durante el trayecto de varias calles si había saludado o no. Le dio lo mismo. El taxista no la miraba y ella se sintió segura. Se abandonó en su pensamiento, recordó la discusión que tuvo con Hernán, su novio, cuando ella le había pedido que le revisara un guión que escribió. Hernán no sólo se lo revisó, lo corrigió y además la regañó, quizá, con demasiado ahínco. Comenzaron a discutir, Brunilda se defendía más por sus ataques que por alguna diferencia encontrada en el texto. Gritaron y ella lloró después de un golpe escandaloso que Hernán le dio a la estufa con una cacerola que se calló y rebotó por el piso de cerámica. Quedó quieta, mirándolo con sus ojos hinchados y rojos. No era un llanto histérico, las lágrimas parecían que corrían por su interior. Tembló con debilidad. Hernán no se conmovió, al contrario, arremetió contra ella frente a su actitud frágil y llorosa. Le dijo que no se dejaría influir con ese desplante tan de mujer y lo único que hacía, con su actitud, era mostrar que él tenía razón al decir que su guión era débil y sentimental.
-¿Para dónde señorita? ¿Me sigo derecho? -la interrumpió el conductor.
-No, aquí a la izquierda, por favor.
-¿A la izquierda? ¿Segura? No veo bien. ¿Es doble sentido esa calle?
-Sí, acaba de entrar un coche por ahí.
El taxi frenó. A Brunilda le pareció raro ese movimiento. Miró a todas partes y le dijo al chofer que ahí se bajaba. Sacó un billete de su bolsa. Estando a punto de tomar el billete la otra mano, grande y fuerte, entró otro hombre al taxi y se sentó junto a ella. Le mostró una pistola al conductor y a ella la esculcó para ver si no tenía algún arma. Brunilda comenzó a llorar y le suplicó que no le hiciera nada.
-No te voy a hacer nada. ¡Putita pendeja! Sólo quiero ver si estás limpia. Tengo el suficiente dinero para estar con la vieja que yo quiera, pendeja.

La dejó de tocar y guardó la pistola. Ella se tranquilizó por un momento. Se dio cuenta de que el taxista estaba de acuerdo con al asaltante porque cuando éste subió, el otro aceleró de inmediato. Pudo ver por la ventana que se alejaron de su colonia y la llevaban hacia el norte. Entraron a la Peralvillo y a la Guerrero. Brunilda tenía mucho miedo. Escuchó la cacerola golpeándose en el piso y la cara deformada, furibunda, de Hernán, en la del asaltante. Cómo quisiera que fueras tú, Hernán. Imploró silenciosa. Sabía que en el fondo Hernán era un hombre bueno. Se metieron a una tienda horrible a comprar un estereo con su tarjeta de crédito. Por suerte no tenía fondos y no pudieron comprar nada.
-¡Ni tienes dinero, pendeja! ¡Chingada madre!
Le sacaron cuatro mil pesos de la tarjeta de débito y luego la dejaron en un sanborns sobre Insurgentes.
-Pobre de ti si me denuncias. Tengo tus datos y no te gustaría verme de nuevo, ¿verdad? -le dijo mientras ella bajaba del taxi.
No, Hernán, no te preocupes, jamás te haría daño. Respondió sin abrir la boca.

jueves, octubre 25, 2007

Sustantivos calificativos

Ruy Guka: Soy el hombre más feliz porque me descubrí como un sustantivo.
Ray Goko: Nel, tú ni estás sustantivado, no llegas ni a morfema, que digo, ni a fonema.
Ruy Guka: Tú ni existes. Eres una variante de mí mismo.
Ray Goko: ...
Ruy Guka: Ajá, te quedaste callado. Bueno, no te quedes ahí parado sin decir nada. Mira cómo las hojas se arrastran en círculo. Puedo verte dando vueltas alrededor de mí, con la misma furia.
Ray Goko: Ah, ya cállate. Ni siquiera sabes por qué pusiste tal título, "sustantivos calificativos", eso no existe.
Ruy Guka: ¿Qué? Tú no puedes saber más que yo.
Ray Goko: Puedo saber mucho más que tú. Tú sólo sabes conscientemente de tu consciente. En cambio yo, sé conscientemente de tu consciente, inconsciente, de mi consciente y mi inconsciente. O sea, te chingo. Y cuidado, porque puedo sacar a la luz algo que hayas olvidado y que, quizá, te hubiera traumado o avergonzado o algo peor. Además, los que califican por excelencia son los adjetivos, no los sustantivos, estos son los calificados, no los calificadores.
Ruy Guka: ¡Cómo hablas! Que bueno que no soy como tú. Y claro que puedo calificar sustantivamente.
Ray Goko: Ah, sí. ¡¡Cómo!!
Ruy Guka: Lee. "Carro bomba" o "brillo Ruy" o "pantalón cinturón".
Ray Goko: Brillo Ruy, no puede ser.
Ruy Guka: ¿Por qué?
Ray Goko: Porque no llegas ni a fonema. No tienes ni significado, primero sustantivízate, idioto.
Ruy Guka: ...
Ray Goko: Jajaja.
Ruy Guka: ...
Ray Goko: Jajaja.
Ruy Guka: Ya me voy.
Ray Goko: ...
Ruy Guka: Je.

miércoles, octubre 24, 2007

Concurso de blogs

Me imagino que ya todos saben, pero yo me acabo de enterar. Hablo de un concurso mundial en busca de los mejores blogs en todo el planeta. Es una lástima que la blogósfera mexicana no se haya enterado toda, para que hubiera una mayor competencia.
Aquí les pongo el link para que se den una vuelta. La fecha de registro ya terminó, el último día fue el treinta de septiembre. http://www.thebobs.com/index.php?l=es
Algo le pasa a mis entradas que no pude linkear la dirección. Tendrán que copiarla y pegarla, ni modo.

domingo, octubre 21, 2007

Dos momentos

Pablo tomó una taza de vidrio soplado, lo hizo con cuidado, no se le fuera a romper. Yo tuve, en alguna ocasión, el mismo cuidado de tomar algo con suavidad. Dentro, echó el café recién hecho, cuyo aroma invadía cada rincón de la casa en esa mañana gris. A mí me gustan las mañanas grises, sobretodo abrir las ventanas y permitir la entrada del aire frío. Se acercó a la puerta de vidrio que daba al jardín, miró por entre los árboles mientras sorbía un poco de café. Eran las ocho de la mañana, apenas, se le notaba la tranquilidad de tener tiempo. Abrió la puerta y salió a caminar sobre unas piedras que había puesto sobre el pasto y que llevaban a la puerta del cerco de madera, una delgada división entre el bosque y su casa. Sólo podía abrir la ventana por momentos, si la hubiera mantenido abierta, el hollín de la ciudad habría enegrecido las superficies de mi departamento y facilitar una infección gastrointestinal en mi estómago. Pablo se quedó parado en la portezuela del cerco, quedó pensativo y sonrió. Pablo, que bueno que te saliste de ese departamento, aquí tienes cosas más valiosas.

martes, octubre 16, 2007

Secuencia en Chiapas de locura

El jueves 11 de octubre me alisté para llegar al aeropuerto de la Ciudad de México y tomar un vuelo directo a Tapachula, Chiapas. Pero antes pondré la razón de todo esto. Hace un año se murió Rafael Ramírez Heredia, un escritor mexicano, nacido en Tampico, que pasó tiempo en Chiapas tallereando a muchos jóvenes, además de hacer una novela, la última creo, basada en la "mara salvatrucha" de ese estado. Por esto, una chava, Dulce Berenice Velázquez, presidenta de una fundación llamada "Juventud Activa A. C.", coordinó la publicación de un libro donde muchos escritores y periodistas mexicanos colaboraron con un texto breve relacionado con la vida, o la obra, del autor muerto. La compilación fue hecha por una periodista y un escritor, isabel Arvide y Marco Aurelio Carballo. Escuché varias veces llamar a la periodista que es de armas tomar. Tenía guaruras y la llevaban en una camioneta de lujo. Periodista política, con influencias poderosas en gobiernos locales y parece, no lo afirmo, que corrupta.
Se hizo el libro. A cada uno de los colaboradores les pagaron seis mil pesos. Escribieron treinta y siete personas. La fundación invitó a los colaboradores a Chiapas para presentar el libro. No fue casi nadie. Eran como unos diez periodistas y cinco escritores. Más sus acompañantes. Yo era uno de los acompañantes. Fui por invitación de mi padre, Humberto Guzmán, que colaboró en el libro. Entre otros colaboradores estaban Vicente Leñero, Mónica Lavín, René Avilés Fabila, Humberto Musachio, Felipe Garrido, Hernán Lara, Roberto Bravo, Ignacio Trejo, Isabel Allende, Guillermo Samperio, etc. También fue el hermano de Ramírez, el Doctor Jorge Ramírez, con su esposa, que me cayeron bien, muy agradables y simpáticos.
Me vi con mi padre en el registro de boletos de Aviacsa. Abordamos el avión y llegamos a Tapachula. Fuimos al hotel. Comimos en un restaurente chino, de todo y en abundancia, tanto la comida como los alcoholes. Algunos periodistas, que eran originarios de Chiapas, comentaron sobre las colonias alemanas, japonesas, chinas e italianas de la zona. A los japoneses nacidos en Chiapas, el gobierno japonés, les ofrece estudios, becas y trabajos con sueldo japonese, aunque vivan en tierra mexicana. Se terminó el convivio y apenas pudimos salir del lugar a pie. Nos fuimos al hotel a descansar de la comilona. En la noche se presentó el libro en la Universidad Autónoma de Chiapas, que tiene planteles en Tapachula. Había muchísima gente, casi todos estudiantes. Estuvo chistosa la presentación, había una voz en off que presentó desordenadamente a los autores de la mesa, no leía bien su tarjeta de información y presentó personas que no estaban en la mesa, ni siquiera en el viaje. Fue vergonzoso para los organizadores, además de que Isabel Arvide, con expresiones vulgares, se burló varias veces de la voz en off. De ahí nos fuimos a un restaurante argentino donde nos dieron queso gouda empanizado con chicharrón en salsa verde y roja, quesadillitas, ensalada de manzana con queso y crema, arrachera con pasta al pesto y helado frito de postre. Todos pedían ron, whisky y cerveza. Al principio llegó un hombre que no era parte y después me enteré que era un senador priísta chiapaneco, invitado y acompañado de Isabel Arvide. El senador aplaudía con las manos en alto, gritando, para llamar al mesero y pedirle un Buchanan's reserva 18 años. Después de varias, pidió la botella, lo tomaba con agua mineral y revolvía la mezcla con el chuchillo. Luego llegó la presidenta de la fundación, Dulce Berenice , acompañada de un señor ya como de setenta años y con el pelo pintado de un café horrible. Pensé que era su padre, luego pensé que era su marido. Después me enteré que era el procurador de Chiapas, su amigo.
Terminamos la cena y nos fuimos al hotel. Todavía se quedó el grupo mencionado de políticos.
All día siguiente muchos se fueron a la playa, Puerto Chiapas, otros nos quedamos y nos vimos en el aeropuerto de Tapachula donde tomamos un vuelo privado hacia Tuxtla Gutiérrez. Los muchos se fueron en el camión de la excursión, los otros nos fuimos en camionetas de la fiscalía de Tapachula al aeropuerto.
En Tuxtla nos registramos en el hotel Crown Plaza y comimos a la carta en un restaurante italiano. Estaba bueno. Comí sopa de papa con poro y, de plato fuerte, ñokis en salsa de jitomate. En una mesa aparte, con un grupo de los invitados, pidieron seis botellas de vino tinto y hasta postre. Hubo descanso y en la noche otra presentación del libro en una sala del hotel. Otra vez fue mucha gente. Varios estudiantes de una prepa, todavía con sus uniformes, eran las siete de la noche, exalumnos de Ramírez y otras personas. Al terminar hubo bocadillos y bebidas sin alcohol para la banda. Y nosostros nos fuimos a un restaurante-mirador a las afueras de Tuxtla. Comimos comida chiapaneca muy rica: ceviche de camarón, res cocinada en limón, sopa de chipilín y varios platos de comida fuerte, como "cocho" en adobo. Hubo baile folclórico y música viva con marimba, durante el baile, y un grupo de música romántica. De nuevo estaban Dulce Berenice y el procurador sin despegarse. Todos bebimos mucho whisky, tequila, ron, wodka y cerveza.
Al día siguiente se enfermaron varios del estómago. Yo me enfermé el primer día con la comida china y la arrachera de la noche más mis rones y cervezas.
El sábado trece nos fuimos en camión a San Cristóbal de las Casas por la carretera nueva, que no tiene curvas pronunciadas y peligrosas, como la vieja. En sancris muchos dieron un pequeño rol por sus calles. Yo me despegué de ellos, me compré un periódico y tomé café. El café en Chiapas es de lo mejor, además de que casi en cualquier lugar lo saben preparar como se debe. Mientras tomaba mi café y leía muchísimos niños y mujeres de poblados cercanos pedían dinero o vendían artesanías textiles. Había quedado con la organizadora de ese momento que nos veríamos a las cuatro en el camión que se quedó estacionado frente a la plaza principal de sancris, donde hay un kiosko. Llegué a las cuatro y los demás no llegaban. Platiqué con el conductor del camión. Me dijo que su hijo estaba estudiando ingeniería química en el poli y que su hermano trabaja en pemex, por lo tanto su hijo ya tiene una buena plaza en pemex en la sección de petroquímicos. Excelente, le dije, felicidades. Sonrió orgulloso. Dieron las cinco y no llegaban. Me fui al hotel. No estaban. En un papelito con el itinerario, que nos dieron a todos, decía que la comida sería en "Jardines de San Cristóbal". Tomé un taxi y me fui para allá. Me cobró veinte pesos. El café en la plaza me había costado ocho pesos. Fueron veinte pesos por tres o dos kilómetros. El taxista me platicó que una iglesia mormona, que vimos en el camino, fue inaugurada por alemanes e ingleses, que lo habían invitado, pero no fue. Llegamos al restaurante que parecía una exhacienda. Tenía un jardín sumamente extenso con manzanos y perales. El lugar era elegante, con las paredes de adentro hechas con adobe. Ahí comí un cerdo al horno increíble, era una rebanada de cabeza de lomo, la parte que está abajo de la nuca del cerdo. Excelente, jugoso y con mucho sabor. Mucha bebida.
Descanso y paseo hasta la hora de la cena, a la que casi nadie fue, en un restaurante, también elegante, pero no de muy buen gusto y la comida no estaba tan buena. No comimos tanto, pero sí bebimos muchísimo, casi puro whisky hasta las dos y media de la mañana. Yo me fui a seguir bebiendo con los organizadores de todo lo sucedido, que eran miembros directos e indirectos de la fundación, hasta las seis de la mañana. Uno de los chavos le vomitó a otro sin querer.
Al día siguiente ya nos fuimos al aeropuerto de Tuxtla y tomamos un avión, Click, hacia la Ciudad de México.
Fue un buen viaje. La reclación entre los pocos escritores y los muchos periodistas fue tranquila y armoniosa, cosa rara en estos lares de competencia, crítica y chisme. Los escritores son como las mujeres que se critican todo, a veces sin compasión.
Ahora imagínense cuánto se gaastó la fundación. Treinta y siete colaboradores por seis mil pesos=222, 000 pesos, más los boletos de avión comerciales, la renta del vuelo privado (aeromar), los hoteles caros, los restaurantes caros, la publicación del libro, que regalaron, etc.





Comida en el restaurante chino




Vista de Tapachula desde el hotel









Presentación del libro en la universidad. Roberto Bravo, escritor (izquierda). Dulce Berenice, presidenta de la fundación (centro). Isabel Arvide, compiladora (derecha).




Cena en restaurante argentino





Vista de Tapachula desde el hotel





Regalitos sorpresa en el cuarto del Crown Plaza





Contenido del morral blanco en la foto de los regalitos





Presentación en una sala del Crown Plaza. Hugo Montaño, escritor-alumno de Ramírez (izquierda). Humberto Guzmán, escritor (centro). Ignacio Padilla, escritor y crítico (derecha).





La misma presentación. Jorge Ramírez, doctor en medicina (izquierda). Felipe Garrido, escritor (centro). Armando Rojas, periodista (derecha).





Vista de Tuxtla desde el restaurante-mirador





Advertencia en sancris





Templo y exconvento de santo Domingo de Guzmán (sancris)





Acercamiento al templo





Otro acercamiento. La cabeza a la izquierda parece un cráneo, de lejos, pero de cerca es una corona.

viernes, octubre 12, 2007

Imágenes siguientes del viaje


Mirada hacia el andador de sancris





Bon ice en la continuación del andador de sancris





Manzanos y perales en el restaurante "Jardines de san Cristobal"





Lo que parece la hacienda del restaurante "Jardines..."





La mesa de los invitados dentro del restaurante





En la comida





La pared de adobe





Tejados de sancris del hotel





Vista de sancris desde el hotel

martes, octubre 09, 2007

Fotitos

Estos son los dibujos que una vez me llegaron en algún archivo masivo por correo electrónico hace ya algunos años. Los hizo un tipo apellidado Beever.

















martes, octubre 02, 2007

¿Ruy Guka? Ah, sí, el pendejo que creyó que le robábamos el tanque -le dijo Macedonio a sus compañeros de trabajo.

Entrambos lados del espejo, el que origina todo, siempre soy yo. Cabilé duro por el asunto del tanque de gas. Macedonio, un hombre joven que trabaja repartiendo los tanques de butano, lo conocí hace ya como unos nueve meses. Es de Poza Rica, Veracruz. Cuando platiqué con él la primera vez era casi un recién llegado. Todavía tenía una mirada que evocaba ilusión y sonreía mucho. Ahora que lo vi el sábado, que me trajo mi tanque de gas, tenía una mirada dura y no sonreía tanto, es más, no recuerdo que haya sonreído, incluso se le notaba ese hartazgo provocado por el problemático df.
Menciono a Macedonio porque me regañó el sábado. Mientras colocaba el tanque le dije, "mira, el tanque me duró cinco meses. Antes, que estaba en la azotea me duraba entre un mes y tres meses." Yo seguía sospechando y quería ver su reacción. Él me contestó, "pus sí, que no te acuerdas que cuando te bajé el tanque tenías dos fugas en la instalación." Chale, chale y recontrachale, pensé. Sí, era cierto, tenía dos fugas, ¡dos! Me sentí muy mal.
En ese bochornoso momento, en que me vi como a un imbécil, recordé cuando mi padre le platicó a unos vecinos imbéciles sobre una historia china con moraleja, que trataba sobre un leñador que perdió su hacha y sospechó de su vecino. Cada vez que el leñador veía pasar a su vecino por su casa se convencía de que era un ladrón. Ya estaba pensando en cómo vengarse y recuperar su hacha cuando la encontró en un rincón de su bodega. Mi padre le contó la historia a esos vecinos, un matrimonio, cuando le fueron a tocar a la puerta de su departamento para acusar a mi hermano de drogadicto, que tenía amigos peligrosos que lo venían a ver y tenían miedo que mi hermano o sus amigos violaran a su hija, una chavita como de dieciseis años, gorda, introvertida, depresiva y fea hasta su madre, a la que jamás le hubieran intentado hacer algo, mi hermano y sus amigos de entonces, pero ni por error. Además mi hermano ni se drogaba, el que lo hacía era yo, jaja.
En fin, me sentí muy mal por sospechar a lo pendejo.

viernes, septiembre 28, 2007

Butano mierdano

Estoy esperando a que griten: ¡gaaaaaaaas! Sí, se me acabó. El tanque me duró cuatro meses. ¿O cinco? Creo que cinco. Es el que pesa cuarenta kilos. Cuesta cuatrocientos veinte pesotes. ¿O cuatrocientos cuarenta? Creo que cuatrocientos cuarenta. Me duró tanto porque lo cambié de lugar. Ates estaba arriba, en la azotea, ahora está en mi zotehuela de un metro por un metro. Antes me duraba dos meses, situación rara, mi consumo era poco y el tanque, grande. Otra vez, me duró tres meses. Otra, dos meses y medio. Comencé a sospechar de mis vecinos y de los gaseros; a lo mejor alguno de ellos me cambiaba el tanque por otro vacío. Que lata, pensé, y que jodidos, juzgué a los posibles responsables: se roban un tanque con aproximadamente doscientos a trescientos pesos de gas, quizá hasta menos, con el riesgo de que los cachen -cuatro años de cárcel por robo mínimo, insignificante-, además de sufrir una posible hernia porque el tanque pesa mucho. La última vez que pasó esto, el tanque me duró un mes y me dije: a ver galán, tienes que hacer algo, ya. Y sí, lo cambié a la zotehuela. Ahora me dura cinco meses. Todavía no sé quién hacía esas fechorías, pero ya ni quiero saber. Ojalá y pase pronto el camión de los tanques. Hace frío y no puedo ni quiero bañarme con agua fría.

domingo, septiembre 23, 2007

Salió raspadito

El otro día fui a trabajar de cocinero a una sesión fotográfica para la publicidad de una cerveza a un estadio de beisbol. La gente vestía con ganas de verse chingona. La cocina era de nivel internacional, los modelos de gimnasio y amistosos, todo muy "nice". Después de la comida, por ahí de las cuatro de la tarde, fui al baño a orinar. Los baños que usábamos eran los del estadio y olían a orina de cerveza. A pesar de haberse lavado en ese momento con un chingo de cloro. Me acerqué al urinario de esos largos y de cemento pintado de azul. Había entrado campante. Me bajé la bragueta y me distrajo un ruido. Miré hacia atrás y había un hombre en uno de los retretes sentado de aguilita y con la puerta abierta. Bueno, cada quien, pensé. Era un señor de bigote con lentes que ya había divisado durante el día. En eso escuché el ruido de periódico arrugándose, seguido de un gemido de dolor. Escuché otros dos. Se limpió tres veces con bolas de periódicos grandes. Se subió los pantalones y salió tratando de sonreír. No se lavó las manos y todavía trató de acomodarse los calzones con un movimiento de piernas y nalgas dejando salir una mueca de incomodidad. Terminé de orinar. Me lavé las manos. Salí del baño. Caminé de regreso y me topé a este señor que me sonrió como si nos hubiéramos encontrado en alguna plaza, de una manera alegre y despreocupada.

lunes, septiembre 17, 2007

Dos grandes exposiciones fotográficas para todos ustedes.


viernes, septiembre 14, 2007

Chanclas desastrosas

Patricia, dime una cosa. ¿Cómo quieres mejorar?
Gónzalo, la verdad, la puritita verdad, no sé, bueno, más o menos, quiero tener hijos con un güerito y así, mejorar.
¿Qué? Pero, no entiendo tu lógica.
Sí, así, como lo escuchaste. Pero, la verdad es que no me gusta hablar de eso. A algunos les molesta, pero otros me entienden.
Yo ni te entiendo ni me molesto, sólo me parece raro.
A mí también. Una vez tuve un novio moreno y mi abuela y mi papá me dijeron que no me meta con indios. Y él no era indio, sólo moreno. Toda la vida me ha dicho mi familia que mejore la raza y se ríen.
Sí, lo he escuchado. No me gusta eso. A mí también me lo han dicho.
Ah, y eso no pasa sólo en México, pasa en muchas partes del mundo.
Oye, Patricia, pero eso es racismo del malo, ¿no?
Ay, Gónzalo, no me salgas con esas cosas, el mundo así funciona, es más fácil conseguir trabajo, placeres y un trato mejor de la gente al ser de raza blanca, y güera, más.
Sí, lo he notado, es evidente.
Hay un chavo que me gusta mucho, seguido voy a su casa y me quedo a dormir con él, pero es de rasgos indígenas, así que no lo muestro. No se lo presento a mis amigos y a mi familia menos. Mi padre una vez que estaba medio pasado de copas me dijo que si yo me casara, incluso que si me veía con un indio me quitaría el departamento y el coche. ¿Qué hago?
No, pus, no sé. Digo a mi no me importa si estoy o no estoy con alguien así o asado mientras me sienta cómodo con esa persona.
Mmmm...
Lo que sí es que no me metería con alguien que piensa como tu papá. Es más, a veces los rechazo.
Gónzalo, pero, creo que él te rechazaría primero y no te daría trabajo, si fuera el caso de que se lo pidieras.
Hay mucha gente con poder, poquito (como tu papá) o mucho, que no son como él.
Mira al mundo y dime qué países lo controlan. Ajá, los blancos. Dime quiénes tienen el mejor arte, los mejores apoyos, las mejores organizaciones sociales, etc. Los blancos.
Creo que está más complejo que eso, Patricia. No se puede entender el mundo desde las cuestiones raciales.
Gónzalo, ¿quieres otra taza de café?
No, creo que voy a pedir un té y una torta.
Aquí no venden tortas, que gracioso eres.
Bueno, una chapata de jamón con queso.
Mesero, me traes una chapata de jamón, un té y otro capuchino para mí. Ah, bueno, y una galleta de avena.
Patricia, debiste ver tu cara. Te sonrió sinceramente y tú le hiciste una mueca espantosa, como si él tuviera un pedazo de caca embarrada en la cara. Y eso que es blanquito, más blanquito que tú.
Sí, pero, es un pinche meserito.
¿Qué? ¿Ahora también los meseritos? Y qué más. Bueno, sí, también un homosexual o una persona preocupada por el bien común y la equidad social, que para ti ha de ser un comunista de porquería.
Gónzalo, cómo supiste. Pero, bueno, yo tengo amigos gueys, son divertidos, son como una amiga y me dicen cosas bien chistosas de sexo que yo no me atrevería a decir.
Oye, Patricia, y la gente que no le parece lo más importante el dinero y la vida empresarial.
¿Qué otras cosas les puede interesar? ¿El arte? ¿Las cuestiones sociales? ¿Los libros?
No sé, Patricia, cualquier otra cosa, pero el dinero no.
Pus, qué ingenuos, como dice mi papá. La humanidad se ha construido hasta la fecha gracias al dinero. Sin el dinero, creo que no estaríamos tamando este café tan tranquilamente.
Bueno, en parte sí, pero ya, que hueva. Mejor cancelamos lo que pedimos y nos vamos a tu casa, ¿no? Dijiste que tienes un colchón nuevo formidable, ¿no?
Ay, Gónzalo, sólo piensas en eso, a ti no te preocupa el dinero, si no el sexo.
Bueno, no tanto. Pero, ya, no que querías hablar de otras cosas. ¿Te rasuraste bonito?
¡Gónzalo! Shhhh, nos van a escuchar.
¿Y?
Yo soy una mujer decente. No puedo exhibirme de esa manera.
Patricia, se me ha estado olvidando algo, con toda esta temática, tu familia es de Tlaxcala y es morena y es de origen tlaxcalteca.
Sí, bueno, mmm, pero los tlaxcaltecas le ayudaron a los españoles cuando llegaron a estas tierras. A tus tatatarabuelos.
No me chingues, Patricia, estás diciendo puras sándeses, no lo puedo creer. Es incríble.
Gónzalo, ¿te quieres casar conmigo?
¡¡¡¡Qué!!!! Bueno, tú estás loca. Quieres mejorar la raza conmigo, jajaja.
¿Te estás burlando de mí?
Sí.
....buuu...
Patricia, no llores, no es para tanto.
No sabes cómo he sufrido por ser como soy.

viernes, septiembre 07, 2007

Papitas

A Rodrigo se le ocurrió hacer papas a la francesa, pero no de la manera tradicional, en tiritas, sino en rodajas, dejándoles la cáscara. Mmmm, que ricas papitas, pensaba. Tenía las rodajas friéndose en una sartén, tomó el teléfono y le habló a un amigo. Sonó varias veces antes de que le contestaran, hasta que por fin se escuchó del otro lado:
¡Aquí Ruy Guka! Rodrigo se rió por la forma en que le contestaron. Le pareció que habrá corrido a contestar dejando de hacer o ver algo que le emocionó. Se saludaron. Se preguntaron qué hacían y qué harían más en la noche -por alguna fiesta-. No, pus nada, dijeron ambos. Rodrigo le platicó sobre las papas que estaban tomando un color verdoso. ¡Verde! Gritó Ruy Guka al otro lado del teléfono, alarmado por la noticia. Hablaban sobre la cocción de las papas. A lo mejor tomaron ese color por la cáscara. Quizá si las dejaras un momento más en el aceite cambian a cafés. ¡No, se están quemando! Contestó Rodrigo y luego recordó cuando hizo una vez papas en el horno microondas: quedaron deshidratadas completamente y crujientes. Incluso más sano el asunto que fritas. Órale, no sabía, que chingón, le dijo Ruy Guka. Rodrigo quedó algo destanteado por no saber la razón por la que escuchó esa última frase. Imposible que lo haya escuchado decir en su cabeza lo del microondas. Prefirió no preguntarle y hacer como que no pasó nada. Pasarona a cualquier otro tema. De diez minutos era ya la llamada. Rodrigo se despidió diciendo que se le quemaron las papas. Chale, ni modo, escuchó Rodrigo y colgaron.

martes, agosto 28, 2007

Sin que nadie cante

La hormiga caminó por el pasillo. El techo era demasiado alto, parecía un cielo triste y oscuro. Las paredes a los costados la miraban con nostalgia. El foco en lo alto del pasillo, apagado, fundido, sonrió por su agonía. El suelo plano, limpio, sin una mínima brisa. La hormiga, desesperada, notó cómo se alargaba el pasillo tendido hacia la eternidad. La vista, ya opaca. Arrastró sus patas blindadas. Todo su cuerpo era blindado, pero sólo por fuera. Por dentro, el veneno hacía su efecto mortal.

viernes, agosto 24, 2007

¡Tsssssss!

En una parrilla se fríó un chorizo. ¡Tsssssssss! Antes de llegar a ese momento había preguntado. ¿Tienen hamburguesas? Y me contestó una cabeza que mostraba únicamente la cabellera -vieja, maltratada y grasosa-, de una mujer mayor, por entre la rendija de un puesto metálico de tortas: bueno, eso depende de si tiene mucha hambre o poca. Si tiene mucha, pus lo mejor es una torta, llena más. Y la hamburguesa, pus, ta buena, pero no llena, es comooo... Le ayudó Ruy Guka a terminar: como una botana. Ándele, así mero.
Me quedé pensativo. ¿Qué haré? ¿Me comeré una hamburguesa o una torta? Ya es de noche y sólo desayuné. Creo que tiene razón la cabellera. Y le dije a la señora: una torta de chorizo con quesillo porfavore.
¡Tsssssssss! En la parrilla.
¡Tsssssssss! En mi estómago.
¡Tsssssssss! En la noche cerveza.
Al día siguiente escalofríos, mareos, dolor de cabeza, cansancio extremo.
Comenzó la matasón en mi estómago. Comenzó a tragar mierda el excusado. Comencé a pensar en mi país paupérrimo. Pero no por mucho tiempo. Debía correr al baño.
La torta fue el viernes.
El domingo acostado, no podía moverme. Por suerte estaba en casa de mi amiga más amiga. Ella me cuidó. Bueno, trató de hacerlo, no se podía hacer mucho. Yo estaba adolorido, durmiendo casi todo el tiempo o en el baño. El lunes quería ir a trabajar a una onda que era sólo ese día. Pensé que a lo mejor se me quitaría. No. Amanecí peor. Tenía mi piel pálidamente moribunda. Mi amiga más amiga y yo fuimos a urgencias de la clínica 9 en san Pedro de los Pinos. Me veía realmente enfermo y la recepcionista me preguntó si venía a consulta. ¡No! A urgencias. Ah, qué tiene. Una infección estomacal. Me miró con su cara de pendeja, casi retrasada mental. ¿Cuántos días lleva con la infección? Este es mi tercer día. Su compañerita le dio un leve codazo discretísimo y, como si no pensara, reaccionó de inmediato diciéndome que pase con las enfermeras a que me tomen la presión.
Pasé. Tenía un poco de temperatura y demasiado baja la presión. Salí de nuevo. Me senté en las sillas de espera, afuera, frente a la recepcionista estúpida y a lado de mi amiga más amiga. Me movía lentamente, con dificultad.
El tiempo siguió su curso durante un rato. Alguien gritó mi nombre. Una vez. Me dijeron que pase con la doctora (médica en realidad) Zarate. Me senté frente a un escritorio paupérrimo con una máquina de escribir del año del caldo. Sentada en una silla de fonda había una gorda horrible, con rimel más ancho que sus pestañas, unas tetas con las que podrían hacer carnitas para veinte personas y con un cabello corto como el de la cabellera que me preparó la torta. Le describí lo que sentía. Me acostó en una camita junto a mi silla. Me tocó el estómago y le dio unos golpes para ver si no tenía sirrosis. Dijo que podía sentarme en la silla otra vez. Escribió en la máquina. Luego dijo. ¿Por qué no veniste ayer? Seguramente para no faltar a tu trabajo y justificarlo. Dile a tu esposa que te dé mucha fruta. Vivo solo, le dije. Ah, que mal. Los hombres solos son un desastre. Tienes que comer bien. No debes comer en la calle. Dile a alguien que cocine o ve a casa de tu mamá. Yo sé cocinar, le dije. Tienes que comer nutritivamente y con limpieza. Ensaladas con aceite de oliva, verduras, pescado, pollo y pocas carnes rojas. En eso giró la cabeza hacia su compañera, a otro escritorio a medio metro de ella, y se puso a platicar diez minutos. Luego, casi sorprendiéndose de que yo estuviera ahí, miró su máquina de escribir, sacó la hoja, me la dio y dijo: sácale una copia ahorita. Le das la copia a la enfermera que te atendió y tú te quedas con la original. Salí a las sillas de espera. Le dije a mi amiga más amiga que onda y ella fue a sacar la copia. Yo me quedé sentado y adolorido. Regresó. Tomé la copia. Entré de nuevo a urgencias. Le di la copia a la enfermera. Estuve hora y media acostado en una camilla. Me dieron tres botellas de suero por intravenosa con una inyección de antibióticos en cada botella. Terminó de caer la última gota de suero al tubo que conectaba con una vena de mi muñeca. Me quitaron la aguja. La enfermera me dijo que no debo comer esto y aquello. Puro caldito de pollo, ¿no? Le dije. ¡No! Claro que no. El pollo es muy irritante, por hacerlos crecer rápido. Ah, no sabía, le dije. Sí, así es, eso pasa porque la gente no lee. Terminó diciéndo la enfermera, con una mirada regañona. Me dieron medicina para un día. Por ahorro. Sobreviví esta vez en este país mío y paupérrimo.
Salí de ahí con el color recobrado. Apenas hoy, viernes, termino de recuperarme. El chorizo estaba pasado.

miércoles, agosto 22, 2007

Ya voy

Ya posteale. Ya posteale. Ya posteale. Ya posteale; ya posteale; ya posteale, ya posteale, ya posteale ya posteale ya postealeyapostelae postelae y a postelae a y p o s t e a l l ee yya aay.
-¡Ya, Goko, deja de jugar con los coments!

jueves, julio 19, 2007

Vellos bellos dejados crecer

Me metí en la mente de Ruy Guka. ¿Quieren saber lo que le escuché pensar?
-¡¡Sí, qué!! -gritaron unos niños sonriendo y chapoteando en una alberca baja con el agua verde, había peces rojos y blancos nadando entre ellos.
Que nunca había visto la ciudad tan limpia. Los charcos en la calle y banqueta son increíblemente transparentes. Eso fue lo que rebotaba entre las paredes invisibles de su mente.
-¡¡Ooooooh!! -expresaron los niños mientras tomaban un sandwich, de una charola floreada, que les trajo a la psiscina una mujer desnuda, muy peluda de las axilas.
Ya niños, dejen de verle los pelos a doña Magdalena. Y cállense para que Ruy Guka pueda concentrarse en todo este asunto.
-............. -los niños se callaron.

martes, julio 17, 2007

Sopita rica

Llegas caminando al restaurante. Preferiste estacionar el auto a unas cuadras que dejárselo al valet parking. El lugar es sencillo, nada caro ni extraordinario, pero acogedor y decorado caseramente. Por lo menos no es una fonda, piensas. Acostumbras pensar de esa manera, por lo menos no soy pobre, por lo menos tengo unos zapatos de mil quinientos pesos. Sueles mentir, si te encontraras con algún amigo después de la comida, le dirías fui a comer a tal restaurente, que sería uno caro. Miserable te quedaría bien como sobrenombre o patético acomplejado.
Entras al restaurante. Caminas derecho, campante, de buen humor. Tratas de mostrar una sonrisa amable, pero lo único que sale es una actitud que quiere mostrar que tienes y puedes más que muchos. Un mesero te recibe y te invita a sentarte en aquella mesa del fondo. Te pones serio, no avanzas con él y le dices con un tono en el que alargas las vocales. Noo, prefieero sentaarme en esa otraa de aallá. El mesero te ve como si viera a otro pobre pendejo más. Te lleva a la mesa que escogiste. Te jala la silla para que te sientes. Te metes entre la silla y la mesa. Sientes el borde del asiento en las corvas, automáticamente tus manos se apoyan debajo de tus muslos. En ese momento en el que tus nalgas están a punto de sentarse te viene un sentimiento terrible. Te das cuenta honestamente que eres un completo cobarde. Escogiste las cosas que creíste más fáciles. Escogiste una carrera que podría hablar bien de ti, pero no quisiste alguna que en verdad hablara bien de ti y que en verdad te gustara. Pensaste que eras bueno inventando cosas, pero cuando saliste de la escuela lo único que conseguiste de trabajo fue un empleo de máquina frente a otra máquina. Comenzaste a trabajar y te diste cuenta de que hay demasiados abogados. Pudiste haber escogido diseño, con esa te hubieras sentido mejor. Tendrías una oficina con aire juvenil. ¿O no? Te preguntarías. Quisiste estar bajo el regazo de madre el tiempo necesario. Creíste se sería práctico, ahorrarte renta, comprar gas, tirar la basura. Pero te diste cuenta de que lo hacías por cobarde, por mediocre. Lo único que hiciste fue engordar.
Terminas de sentarte, tu cuerpo se desplomó. Sientes miradas de la gente, un comportamiento normal de los seres humanos, mirar. Antes pensabas que te admiraban o que te conocían porque te creías importante. Ahora crees, no, estás seguro de que te miran compadeciéndote. Pobre tipo, apenas se dio cuenta de quién es y dónde está, crees que piensan todos al verte.
Viene el mesero y te pregunta: ¿necesita algo, señor? Te ries grotéscamente. El otro se asusta. Tú también. Quieres salir, pero temes hacer algo peor. Pides una sopa. Tu cara se pone roja, una vena comienza a marcar un camino verde sobre tu frente. Juegas con la servilleta de tela. Tratas de tranquilizarte. En eso, en ese momento crítico, en ese momento terrible, catastrófico, pasa una anciana junto a tu mesa y te sonríe con tanto amor que no puedes hacer otra cosa que imitarla. Te sientes mejor. La anciana se pasa de largo. Te traen la sopa. La pruebas. Que rica sopa, piensas y la comes tranquilamente.

jueves, julio 12, 2007

Buyu buyu

Me desperté con mucha hueva y doliéndome los ojos. Apenas desayuné agua, un Yoplus y un pedacito de papaya endurecida y pegada en las barras de uno de los pisos de mi refri. Tenía una clase a las nueve de la mañana. Me levanté de la cama a las nueve y media, entre una nebulosidad fría y húmeda que me golpeaba en cada movimiento que hacía, aunque pensé que era más tarde, no me alegré de la hora que era. No me bañé, salí despeinado y se veía chingón. Me lavé los dientes, eso sí que sí, que tal que hablara con alguien sentado a lado de mí, en la micro o en el trole, imaginaos si ese alguien fuera mujer, pensaba mientras me lavaba los dientes, sonreí al enjuagarme la boca. Pero, en seguida, se le quitó la sonrisa a mi cara, el frío y la humedad seguían, los ojos me dolían, no pude agacharme fácilmente para ponerme los tenis.
No hablé con nadie en el camino. Compré un café a una cuadra de la escuelita, compré una torta de jamón frente a la escuelita, imprimí un texto en el salón de las computadoras de la escuelita, que sería revisado y corregido por el prof de la clase de las nueve. Subí unas escaleras cargando el café, la torta, las hojas y una mochila de hombro que había tomado desde mi casa. Llegué al salón cerrado donde se podía leer un papel pegado a la puerta: No hay clase de Novela II, por favor comunicarse... Chalet, chalet y recontrachalet. Sopas catastróficas, ni tan sopas, me senté en el borde de una bardita y me comí tranquilamente mi torta y mi café. Para colmo, cuando llegué a mi casa, en la contestadora había un mensaje recibido a las ocho de la mañana avisándome que no habría clase.

jueves, julio 05, 2007

Regalitox

A mix lectorex y lectorax que lex guxta ver mujerex dexnudax lex quiero dejar un regalito precioxo. A mix lectorax y lectorex que lex guxta ver hombrex dexnudox no xé qué decirlex, no tengo palabrax. Expero puedan dixpenxarme por exta aparente ingratitud de mi parte hacia uxtedex.
www.7ffoufoufoufou.blogspot.com Exte ex de una lixta, donde la mayor parte de lax mujerex, lo expecifico porque algunax xon xacadax de páginax con modelox profexionalex, xon mujerex normalex de diverxox paíxex, incluxo una mexicana, que xe muextran dexnudas. El lenguaje extá excrito en francéx, pero xe entiende muy bien, hay mujerex maextrax de kinder, oficinixtax, empleadax, galerax de arte, etc. Para encontrar a la mexicana denle click a "Messages plus anciens" que lo encuentran hasta abajo del blog.
www.homepage.mac.com/nizer1/mhphotos/ct/index.htm Exte otro, uy, no manchen, pero xux pantallax, porque verán una xerie de fotografíax tomadax de cerca a diverxax vaginax. El extilo manejado ex un erotixmo fetichixta que a mí en lo perxonal me parece muy fino y, xobretodo, maxturbable.

martes, julio 03, 2007

Estoy sentado pensando...

Acabo de ir a comer a una fonda. Quedé intrigado por algo que vi. Una mesera sacó una bolsa de plástico, de las que dan en la tiendita o en un puesto callejero, que colocó en una de las mesas; la abrió, abrió otra que tenía dentro, una de mano, femenina, normal, parecía de cuero; de ahí sacó su espejito y un delineador de boca. Se pintó los labios, guardó el espejito y la cosa otra en la bolsa de mano, ésta la cerró empujándola al fondo de la bolsa de plástico que cerró amarrándola de las asas. Muy bien, ahora bien, que bien, pus bien, aunque no está tan bien del todo, ¿por qué guarda su bolsa de mano dentro de una bolsa de plástico? ¿Por miedo a que se la roben? ¿Para que no se ensucie? ¿Para no causar envidia entre sus compañeras de trabajo por tener una bolsa muy mona? ¿Por qué cree que no se merece tener una bolsa de mano? A lo mejor es la única que tiene, no le gusta y le da enorme pena mostrarla. Su marido sacaría la bolsa en alguna reunión familiar paseándola entre la gente y gritaría: ¡miren, la bolsa de mi mujer, jajajaja! Y todos en la reunión le harían de coro: ¡la bolsa de Cleto, jajajaja! Digo, ¿qué onda?

domingo, julio 01, 2007

¿Se imaginan una casita en las faldas de las montañas del ajusco?

Me conseguí una chambita. Empecé el jueves. No es todos los días. Nomás algunos días al mes. Se trata de ayudarle a un señor a cocinar. La cocina se hace en el set de fotografía que se vaya a dar. El famoso catering. El jueves fue a quince minutos de la frontera entre Tlalpan y Morelos. Por la carretera libre a Cuernavaca. En el minuto quince nos desviamos a otra carretera. Cientos de metros después, nos desviamos por otro camino, uno de terracería. Llegamos a un paraje rodeado de cerros boscosos o montañas pequeñas. Le tomaron fotos a una modelo en calzones y brasier mientras una máquina de viento simulaba un vendabal terrible que la había dejado en paños menores. La ropa colgaba de unos hilos transparentes cerca de ella. El señor cocinero al que le ayudo es un pintor que habla de energías y plantas y vive en el campo. Es portugués y muy distraído. Alivianado también. Hicimos tabule y falafel. Los técnicos odiaron la comida. Una mujer es la dueña de toda la organización: una productora. Ella es de los iunaites. Me cayó bien. Ayuda a cargar cajas o a barrer o a lo que sea. Ella tiene a toda la gente consigo, es lista, no contrata todo por separado y se ahorra una lana. La gente dice que siempre se ve espléndida con los pagos. Paga bien. Pero sobretodo es amable y comprensiva.

En medio de todo ello, Luis, el cocinero pintor, me platicó sobre una tradición única en el mundo. ¿Cuál? Se llevaba a cabo en un pueblo mexicano. ¿Cuál? En Juchitán, Oaxaca. ¿Cuál? Consiste en que el hijo menor de cada familia se queda con sus padres hasta que se mueren. No debe casarse y además debe vestirse de mujer. Y alrededor de esa tradición, continuó, se encuentran mujeres gordas, enormes, parecen tinacos andantes. Son fuertísimas y ellas controlan todo en el pueblo; o sea, es un matriarcado. Y que cuando él fue a Juchitán vio a esos hombres pasearse y contonearse entre los bucles de su cabello por el parque de la plaza. Diciendo esto se rió, yo también me reí, y riéndose me dijo que le senrieron muy coquetas, pero -ya serio-, dijo, eran hombres. Me reí de nuevo y, luego -mirándome con los ojos muy abirtos-, él se rió también.

Una cosita: los cuáles no los dije, sólo los pensé.

Camel

Llevo tres semanas sin fumar. Una cosa terrible. La verdad es que ni tanto. En una cosa sí, lo espantoso que me sucede es que estoy comiendo demasiado. Los platos que me sirvo parecen unas montañas.

lunes, junio 25, 2007

¿Quién anda ahí?

Ray Goko: Wilkichúpamela.

Rosita: ¿Cómo?

Ray Goko: Como quieras.

Rosita: Pus sí verdá.

Ray Goko: Jajaja.

Disculpen todas ustedes preciosas defensoras de la dignidad mujeril al imbécil Ray Goko. Es un inmaduro. No tiene ni idea el efecto mariposa que puede ocasionar. Abra cadabra sopas de la macabra......... ¡Tarrán! Para todos ustedes desde las insólitas cavernas de la vida galante: un pedo vaginal. Labios hermosos y aplaudiendo. Híjoles manos y manas manotas manuelas que ampollan e irritan esa largura dura frente a la pantalla navegante de la red, la vida es... ¿o será?
¿Quién sabrá? Él o ella. O. Él y ella. O. Ellos. O. Ellas. O. Nadie. O. Dios. O. Los dioses. O. Las diosas. Diosito santo que estás en el cielo ven y dános esto y aquello para ser felices. Porque lo necesitamos. Clarín cornetas. Chancletas cósmicas denle un zape a diosito santo que no está en el cielo.

Perdón, perdón, tuve que dejarlo salir. Sí, yo soy testigo que lo tuvo que hacer: Rosita. Si Ray Goko no se pasea un rato se vuelve insoportable. ¿Verdá Rosita? ¿Mmm, qué? No, nada, síguele.

viernes, junio 22, 2007

Ni lo blanco es tan blanco ni lo negro tan negro

Terminé la prepa en una escuela de esas que tienen primaria, secundaria y prepa. Se llamaba horrible, San Agustín. Escribían la (s) de (san) con mayúscula, me parecía de lo más estúpido y me sigue pareciendo. Y el santo me caía bien, era un borracho, cogelón, hijo de la chingada, bien chingón, luego se volvió santo. Ven, santo, se escribe normalemente con minúscula. El Agustino me sigue cayendo bien. Sólo estuve dos años en aquella escuelucha. Recuerdo a una maestra que nos dio a leer cosas como Cuauhtemoc Sánchez. Me encabroné mucho. Hablé con algunas personas, como el coordinador de la prepa y el director de la escuela. La colocaron de secretaria. A huevo, me había dicho.
Era un edificio largo, con dos patios, estaba frente al congreso yucateco en el centro de Mérida. Del congreso caían unas escaleras con escalones anchos donde nos sentábamos a la salida o en el descanso. Se supone que no debíamos salir antes de la última clase, pero yo sí podía. Pinches pendejos. ¿Por qué no puedo salir? Porque así es el reglamento. Hablé con el coordinador y lo arreglé. Me hice responsable de mí mismo. Digo, además pagaba, sólo faltaba que me trataran como a un retrasado mental, ya era el colmo con lo del Cuauhtemoc Sánchez.
Esto tiene unos ocho años. Era una escuela simplemente ridícula. Una escuela hecha para una provincia, un país donde hay muchísima gente que se conforma con estas educaciones. Los patios eran minúsculos, antes me parecían no tan pequeños, en el de atrás había dos o tres pisos de salones alrededor. Parecía una cárcel: los jovencitos parados junto a los barandales, donde apoyaban los antebrazos y mirando al patio aburridos y hartos.
Yo me sentía muy chingón por resolver lo de la maestra y lo de mi libre salida a la calle. Me creía con una lavia para convencer, conseguir lo que quería. Que era inteligente, argumentativo y toda la cosa. Pero, PERO, más bien era que el coordinador de la prepa me quería coger. Jajaja. Después, que pensaría mejor las cosas, recordé que me había platicado que se había cogido a quien sabe cuanto alumno, alumna y hasta mamás. Yo, chamaco apoyador de la diversidad y la libertad, pensaba, pus sí, ta bien, es muy su pedo, si así se divierte, pus qué.
Y sí, era muy su onda, pero no había vislumbrado el contexto oculto, la intención principal, el motor verdadero de las cosas.

***

Ray Goko: qué pasó. ¿Cuál es tu onda? Tu mensaje oculto.
Ruy Guka: .........
Ray Goko: y ni tan oculto. ¿Tú crees que ese ingrediente te ayuda, que es literatura?
Ruy Guka: ..... ¿Cómo?
Ray Goko: sí. Mmm, no te sientas mal, no seas debilucho. Esa mamada de "hay muchísima gente que se conforma..." ¿Qué es eso? ¿Qué mensaje es ese? ¿A quién quieres educar? ¿Crees que la gente es pendeja o qué?
Ruy Guka: oye, podemos hablar de esto después. ¿Por qué aquí? ¿Tú que quieres demostrar? ¿Que eres más chingón que yo o qué?
Ray Goko: !ntze¡ Ah, vete a la verga.



lunes, junio 18, 2007

Sacatelabongas

Héroe victimizado en un lugar donde está prohibido que los hayan. En la vida cotidiana. El héroe víctima esperaba la micro entre dos autos, en un espacio de dos metros con cincuenta y dos centímetros y treinta ocho milímetros, detrás suyo las sillas, el techito y la publicidad de la parada de aluminio inoxidable. Voy a quedarme aquí en la calle, no se vaya a estacionar un auto y nos tape el paso, hay mucha gente, no se puede obstaculizar una parada de micro. Falta de sentido común. Paró uno delante del héroe. Le pitó neuróticamente. Él no hizo caso, miraba para el otro lado, esperaba viniera su transporte. Abrió la portezuela. Sacó una pierna y la cabeza. Giró hacia atrás y le gritó: "¡órale pendejo, no oyes que te estoy tocando el claxón, hazte a un lado¡" El héroe lo miró. Se le contrajeron los músculos. Llenó de valor todo su ser y meneó la cabeza negativamente. "Horita vas a ver, pendejito." Y subió al auto azotando la portezuela. Reversa. Rápido. Frenón. El héroe no se movió. Avanza. Lento. Le toca el pantalón. Frena. "Ya quitate güey, ese pendejo, no le hagas caso." Sintió desesperación, miró al cielo, por un momento sintió que le giraba la cabeza, pero insistió. Neurótico a bordo, jodido mierdero, abusivo, ignorante, pedazo de basura podrida, ¡cuidado! Le caían gotas de sudor. Tensión, el tráfico pesado, llegaba tarde, debía entregar una carpeta, sino adiós dinero tan necesario. Pisó el pedal. Retrocedió tranquilamente, como si nadie estuviera ahí, unas nubes taparon el sol, ¡crack! La rodilla tronó, quedó como la calaca con hilos con la pata girando a todas partes.
Adiós héroe. ¿Quién te pidió que lo hicieras?

sábado, junio 16, 2007

Ausencia

Gracias Manuel por el favor.

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Espero que les haya sido grato mi cuate Manuel. Es buena onda el güey. A él le cae mal Hugo, pero no importa.
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Ayer jugué ajedrez en línea con un indonés. Estuvo friky el asunto porque le estaba dando una paliza marca tómala perro cuando me equivoqué estúpidamente y le regalé mi dama. La batalla cambió de perspectiva. Él tenía todo listo para darme mate cuando de repente se rindió y me dio la victoria. Pensé que a lo mejor tenía que irse con urgencia, pero no, le dio click a "empezar nueva partida". Hicimos los primeros movimientos de apertura y defensa, al mismo tiempo que atacar, cuando le pregunté en el chatsito que está a lado del tablero: why? Why what? Me respondió. Why you give me the game? Le pregunté. You won. Me respondió. You are very justice man or i don't understand you. Le escribí. Oh, sory, it's my poor english. Me contestó. He he, no, i don't understand your mind. Le dije. No volvió a contestar. No volvió a mover otra pieza. Y seguía ahí, conectado, en el tablero. Esperé su turno hasta que se le acabaron los seis minutos que le quedaban de tiempo. Ahí estuvo todo el tiempo. ¿O no? ¿Qué fue lo que le pasó? A lo mejor llegó un tsunami, le dio un ataque al corazón, llegó su amante que lo acarició y lo sedujo -se supone que era de sexo masculino-, su mamá lo agarró de la oreja gritándole por tercera vez que fuera a comer, se puso a rezar con su collar largo con miles de cuentas pidiendo que entendieran su mente y que no estuviera loco.
El programa del ajedrez me dio el gane al acabarse el tiempo.
Bye, le puse.

miércoles, junio 13, 2007

Garganta seca

Hola, soy Manuel. Tengo una tienda de abarrotes a una cuadra de la casa de Ruy. Él tiene una infección culerona en la garganta y me pidió el favor de que le pusiera esto y algo más aquí.
A Ruy siempre le hago descuento. Me cae muy bien. Es bien famoso en la colonia. El otro día le invité una gordita chingona que yo vi que se la comió gostoso.
Ganamos 1 a 0 a ver que onda el domingo. A Ruy le cae bien Hugo y a mí no.
Me pidió que les pusiera que nunca escriban con fiebre que eso solo le sirve a Roberto Calaso, publicado en Sexto Piso. Y leer en la cama enfermo es fabuloso, dijo, se lee lento, dijo, es de lo mejor.
Quiero saludar a mi esposa que me ayudó a escribir bien todo esto y a decifrar lo que me puso Ruy en el papelito.
Mucho gusto.
Manuel

viernes, junio 08, 2007

Olemos calor

Ruy Guka hizo un texto mediante la escritura automática y Ray Goko quiere mostrarlo al mundo. Lo escribió mal. Este sería un claro ejemplo de escritura automática mal hecha, a medias está bien, pero a medias está mal, finalmente está mal hecho. Ruy Guka le había dicho a Ray Goko que no lo hiciera. Le daba pena. ¿Por qué mostrar algo mediocremente escrito? Pensó de inmediato en una mala jugada, una mala onda. Al segundo le valía madres lo que pensara el primero. Goko no sabía que este tipo de escritura era practicada por los dadaistas, surrealistas y algunos conceptualistas, entre otras mamadaistas, en su mayoría lo hacían poetas, pocos los narradores, más los surrealistas. En el fondo Ruy Guka pensaría, y pongo pensaría porque a ciencia cierta no sé que tiene en el fondo de los pensamientos, que podría ser otra literatura de otra índole.

Sin título

Vaso rojo de plástico sin agua sobre la mesa. Mesa con mantel cuadriculado. Los mosquistos están volando en el ambiente. Nunca hay. Ahora parece que estamos en el trópico. Contaminación. Una ciudad grande sin mosquitos. Ahora hay mucho calor. Mucho. Calor. El sol quema. Los rayos del sol pasan felizmente y llegan a posarse en mi piel. Mi perro come un hueso de carnaza. Está concentrado. No le afectan los moscos. No le pueden picar. Está cubierto de pelo. Ya compré mis placas de raid para ahuyentar a esos seres grises que zumban en mis oídos. No los aguanto. Me tapo con una sábana y los moscos zumban. Me recuerda los años que viví en el trópico chaparro. La selva era baja y tupida. No sé cómo los venados de la zona podían caminar y más correr entre las ramas y árboles, muchos con espinas largas. Apenas y pude dormir. Desperté cansado. Seguía el calor. El vaso vacío. Sin una sola gota de agua. Mi cuerpo sudado. Tengo sed. Huelo calor.

jueves, junio 07, 2007

Ñam Ñam

El otro día Ruy Guka comió unos tacos de guisado. Bistec con papas y nopales en salsa de jitomate. Papa con longaniza. Había otros. No se le antojaron. Rellena. Molleja. Cuerito. Salchicha. Preguntó al taquero por la rellena. "Es rellena. Es sangre de cerdo. Es de lo que más sale. ¿Quiere una probadita?" "Bueno, sí, pero poquito." El aspecto del guisado negro no le convencía. Lo probó. No le gustó. Era un sabor raro, fuerte, algo desagradable, con un inevitable gusto a sangre coagulada. Mas sin embargo, como dicen los profes del residencial del ISSSTE, sugiere ser alimento para algún personaje del teatro de la crueldad.
Ruy Guka pagó 16 $ por dos de bistec y dos de longaniza con papa. Se llenó. Estaban ricos. La salsa verde buenísima.
Recordó, entre taco y taco, que una anciana le había platicado de la rellena describiéndola como "cochina rellena".
Y todavía, sentado en el trolebús, limpiándose con la lengua entre los dientes pellejos de tomate verde, nopal y jitomate, recordó que le había preguntado a la anciana. "¿Y la cochina de qué estaba rellena?" Ruy Guka la miró cómo se reía agachando la cabeza sin dejar salir una carcajada.
Siguió su camino satisfecho, junto a la ventana, mirando para fuera.

lunes, junio 04, 2007

2,000 en Holanda

Ya salieron nuevas fotos de gente desnuda. En Holanda. Convocadas por el mismo fotografucho, Tunick. 2,000 personas. Làstima que no hubo ningùn Ruy Guka para que tomara un chingo de fotos y luego las pusiera en su blog. Y tambièn hubiera puesto fotos repetidas el taradesco.

miércoles, mayo 30, 2007

...de pastel...

La pastelería en México, en general, es mala. Popularmente se conoce el pastel de tres leches que es pésimo. Claro, defienden su consistencia y su sabor personas que no han tenido la oportunidad de conocer otros sabores y consistencias. A parte del tres leches se hacen diversos tipos de pasteles, pero desgraciadamente con el mismo resultado. En europa hay excelentes pasteles. Ellos llevan una tradición mayor en esta rama. El otro día me encontré a un amigo que es kosovar, de la exyugoslavia, que se vino con su familia como refugiado político a México, y le pregunté si no extrañaban, él y su familia, un buen pastel. Me respondió que sí abriendo mucho los ojos y los dos nos vimos casi babeando imaginando y recordando una buena rebanada... frente a nosotros.

lunes, mayo 28, 2007

Mi perro

Mi perro es un idioto. Levanta tanto la pata para orinar que se cae. Levanta la pata para orinar y caga.

viernes, mayo 25, 2007

La respuesta. Y el albur serio.

Bueno, ya, les voy a decir dónde vieron el Niagara Ideal Standard. Es un tatuaje que tienen casi todos los mingitorios a lado del tubo de desagüe a la vista del portador.

Por otro lado esto:

-Uuuuuh, no, así no juego, burradas así no puedo tolerar
-Uuuuh, no, así no se puede. Esta no la viste
-Mira, tu alfil, ahí amenazas mi dama
-No, mejor me voy para atrás
-¡Jaque, que no ve!
-Esta parte sí que no me gustó
-¿Cuál, la más ancha? -le contestó un ruquín de setenta añotes a un don ñoño de cincuenta; cerca de la muerte del rey blanco del ñoño que el ruquín asesinaría.

lunes, mayo 21, 2007

Los dos tipos

El sábado me platicaron de un tipo que conoció a otro tipo que se hacía llamar "El moreno más güero". Así. El tipo del que me platicaron, conforme avanzaba la noche, se emborrachaba más y más. Llegó el punto en el que dijo que méxico era una mierda. Y el tipo que conoció, el que se hacía llamar tan chistosamente, se enojó por aquella afirmación y le dijo que se callara o se le pasarían las copas. El tipo que conoció quiso decir que le partiría la madre. El tipo del que me platicaron le preguntó si rezaba. Sí. A san judas tadeo. El tipo del que me platicaron se rió a carcajadas. El tipo que conoció se enojó demasiado y se fue a un auto, se sentó en el asiento del copiloto, agachó la cabeza furioso. El tipo que conoció se salió diciendo que no respondería. El tipo del que me platicaron ni cuenta se dio de que el tipo que conoció que se hacía llamar "El moreno más güero" se había ido a sentar al auto furioso. El tipo del que me platicaron se despidió de todos y se fue tambaleando a su casa, a pie. Este tipo pasó antes por el auto donde estaba sentado el tipo que conoció y se despidió de él. El tipo que conoció no le hizo caso.

miércoles, mayo 16, 2007

Maca maco moco

Seguramente pueden buscar en su memoria esto: Niagara M.R. Ideal Standard. Lo ven todo el tiempo. Creo que esto está incrustado nomás en la memoria masculina. Si no lo recuerdan inmediatamente, de seguro lo tienen en la punta del cerebelo porque lo tenemos registrado de manera contundente en nuestros recuerdos.

lunes, mayo 14, 2007

Desnudez mexicana. ¡Al fin!

Tendrán el gusto de ver tres series de fotos: la primera es la sección de las distorsionadas, luego las en blanco y negro y sepia, y finalmente las fotos normales.
Después de terminar las series de fotos, ahora salgo a la calle y veo a la gente desnuda. Dibujo en mi mente el contorno de sus secretos. No lo puedo evitar.
Fotos distorcionadas
(La primera foto es del Majestic-sheet)

























Fotos en blanco y negro y sepia





























Fotos normales